
La vida es como un juego de sube y baja: a veces estás en lo alto y otras tienes que descender. Cuando estás arriba, no haces el menor esfuerzo, sientes que flotas, te sientes libre. En cambio, cuando estás abajo, debes hacer un gran esfuerzo para sostener a quien se encuentra en lo alto. ¿En dónde está escrito que la vida debe ser cómoda, tranquila, llena de satisfacciones y alegría, libre de enfermedades, sin contratiempos financieros, en permanente paz? Esa es una idea que esta sociedad nos ha ofrecido como si fuera una promesa. No nos enseñan a no rendirnos ante la adversidad.
Rendirse implica no oponer resistencia a lo que es, aceptar las experiencias internas, la vida y a los demás tal como son. Sin embargo, cuando nos rendimos en un sentido negativo, claudicamos: nos damos por vencidos, dejamos de luchar, nos sentimos derrotados. Nos sometemos al dominio de algo o de alguien. El problema surge cuando aplicamos este verbo de manera nociva, pues inevitablemente se deteriora nuestra salud mental y emocional, dando paso al pesimismo, al miedo y a la falta de esperanza.
Los estoicos seguidores de la escuela filosófica fundada por Zenón de Citio se basaban en el dominio de las emociones, la razón y la virtud para alcanzar la felicidad. Proponen aceptar el destino y desarrollar la habilidad para distinguir entre lo que podemos controlar, lo que depende de nosotros y aquello que no está bajo nuestro control.
Para los budistas, el principal propósito es alcanzar la iluminación espiritual o nirvana, es decir, dejar de sufrir. Esto se logra a través de la sabiduría y la compasión eliminando el apego, que consiste en no atarse a personas, cosas, ideas o experiencias impermanentes. Otro elemento es el deseo, entendido como el anhelo ansioso o la codicia: cuando se cumple un deseo, surge otro, y cuando no se realiza, genera frustración en un ciclo interminable. Finalmente, la ignorancia, que es la percepción errónea y profunda de la realidad, también es causa del sufrimiento.
Para no vivir estresados ni quedar estacionados en el sufrimiento, es necesario aprender a ser resilientes. El diccionario de la Real Academia Española define la palabra resiliencia como aquella capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos. Es, en esencia, la capacidad que desarrollamos para recuperar nuestro estado inicial cuando pasa la perturbación. En la vida es imposible no encontrar obstáculos. Siempre aparecen un impedimento, dificultad o inconveniente que nos sacan de balance y nos dificulta avanzar hacia lo que nos proponemos. Estas situaciones forman parte del camino y no una señal de fracaso o derrota, sino una invitación a fortalecernos.
Ante la adversidad, los psicólogos recomiendan mantener una mente positiva, tomar distancia del problema y no dejarse llevar por lo sucedido. Hay que recordar que todo ocurre por alguna razón ayuda a recuperar la calma. También es fundamental enfrentar la situación con valentía, explorar distintas situaciones y buscar apoyo de personas especializadas que puedan orientarnos para encontrar el mejor camino y superar lo vivido.
Estoy convencida que la adversidad fortalece. Cada dificultad es un aprendizaje que impulsa el crecimiento personal y nos prepara para afrontar nuevas experiencias. Incluso en los momentos difíciles, es importante no perder la esperanza. No rendirse es aceptar que habrá subidas y bajadas, luz y sombra, esfuerzo y descanso, porque la vida no se trata de mantenerse arriba, sino entender que cada vez que bajamos, a impulsarnos con sabiduría y seguir adelante porque como dice el refrán popular: “Ante los golpes de la vida, se presenta la elección de romperse como el cristal o forjarse como el hierro”.




