viernes, febrero 6, 2026
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AVISO DE CURVA

Oro por espejitos

Lejos de verse como una estrategia bien pensada, la decisión de la dirigencia nacional del PAN de romper la alianza con el PRI para las elecciones legislativas de Coahuila ha sido señalada como un desacierto.

Para algunos analistas, el PAN cambió sustancia por apariencia en este giro impuesto desde el centro, cuyos costos políticos y repercusiones podrían incluso alcanzar a su presidente, Jorge Romero.

La dirigencia panista argumentó que competir en solitario preservaría la identidad del partido. El problema es que ignoraron el alto riesgo de perder su viabilidad electoral y legislativa en Coahuila, incluido su registro como partido local.

Hablar de una posible pérdida de registro no es una exageración. El PAN coahuilense redujo su presencia electoral de forma acelerada en los últimos años. En la reciente elección local apenas superaron el 4% de la votación. Rumbo a las elecciones de junio, los pronósticos no son alentadores, pues las encuestas anticipan que el partido no tendrá posibilidades de ganar siquiera un distrito de mayoría.

Una mala campaña —o, dicho llanamente, una mala salida, como los pitchers en el béisbol— podría llevar al PAN por debajo del 3%. Sumemos a eso que sus “estelares”, es decir, sus líderes más representativos, podrían decidir no participar ante la posibilidad de una derrota, restándole arrastre, no solo con el electorado, sino incluso entre sus militantes.

Además, Movimiento Ciudadano, el PVEM, los nuevos partidos políticos e incluso Morena están acelerando el trabajo territorial, captando liderazgos y simpatizantes que el PAN ha dejado ir. Esta operación política podría traducirse en voto útil que termine por relegar al blanquiazul hasta la sexta fuerza en el estado, sin acceso a diputados plurinominales.

Imaginemos el encabezado al día siguiente de la elección: “El PAN conserva su identidad, pero perdió su registro en Coahuila”. Vaya absurdo. Sería como cambiar oro por espejitos.

La identidad no se pierde por alianzas, sino por la falta de propuesta y por alejarse de los votantes. Basta recordar que, en 2010, con César Nava al frente de la dirigencia nacional y Felipe Calderón en la Presidencia —curiosamente, hoy uno de los panistas más reacios a las alianzas—, el PAN construyó coaliciones con Movimiento Ciudadano y el PRD para arrebatarle al PRI los estados de Puebla, Sinaloa y Oaxaca.

Algo similar ocurrió en 2016. Bajo el liderazgo de Ricardo Anaya, Acción Nacional ganó siete de las doce gubernaturas que se disputaron, cuatro de ellas mediante alianzas con partidos de izquierda (PRD y PT).

No hubo entonces reclamos de una supuesta pérdida de identidad. Por el contrario, ese pragmatismo le permitió al panismo obtener victorias históricas frente a la todavía poderosa maquinaria electoral del PRI.

¿Fue la decisión del PAN en Coahuila una política de altura o un despliegue de vanidades? Serán los resultados —y no las palabras— los que escriban la historia tras las elecciones.

Si los pronósticos se cumplen, Jorge Romero tendrá que ofrecer explicaciones. Ricardo Anaya, por su parte, no descarta buscar una revancha al frente del PAN rumbo a las elecciones de 2027.