México es reconocido a nivel internacional como uno de los países con mayor riqueza biológica, lo que nos posiciona dentro de las 17 naciones megadiversas. Aunque el territorio mexicano ocupa apenas el 1.5 % de la superficie terrestre del planeta, alberga entre el 10 y el 12 % de la diversidad de especies existente a nivel mundial.
Pese a esto, en México la presencia del Estado en materia de conservación suele ser raquítica. Son las comunidades, en muchas ocasiones, quienes asumen un papel central en la defensa de nuestros ecosistemas y de las especies que los habitan. Un ejemplo de esto se encuentra en las costas de Oaxaca, donde opera Vivemar, una sociedad cooperativa integrada por habitantes de la región que decidió organizarse para frenar el deterioro del litoral, la contaminación y la histórica extracción ilegal de huevos y carne de tortuga marina.
Cada año, cuatro de las siete especies de tortugas marinas del mundo arriban a las playas de Oaxaca para anidar. Entre ellas, la tortuga laúd (Dermochelys coriacea), una de las especies más grandes del planeta y actualmente en peligro crítico de extinción. Su supervivencia se ve amenazada por múltiples factores, entre ellos la contaminación de sus hábitats, la pesca de arrastre, las embarcaciones, la agenda inmobiliaria, la cacería ilegal y el saqueo de nidos y crías.
Entre 2017 y 2022, la organización logró liberar más de 1.1 millones de crías de tortugas marinas de diversas especies, todas en distintas categorías de riesgo. A estas acciones se suma la limpieza de casi cinco toneladas de basura y la protección directa de 27 kilómetros de costa, en zonas sometidas a una intensa presión inmobiliaria. Vivemar forma parte de la Red de Humedales de la Costa de Oaxaca y desarrolla un enfoque integral de conservación, que incluye educación, monitoreo científico, reforestación de manglares y el uso de tecnologías como drones y geolocalizadores. Este modelo muestra que las comunidades no solo protegen la biodiversidad, sino que asumen los costos económicos, sociales y personales de sostener ecosistemas clave para el país.
En este contexto surge RETURN: Salvando a las Tortugas, un cortometraje documental mexicano que busca registrar estos procesos desde el territorio. El proyecto documenta el esfuerzo colectivo que implica la conservación de la biodiversidad en las costas de Oaxaca, enfrentando amenazas, apatía por parte del Estado y la constante invasión de las zonas de anidación de las tortugas marinas por parte de la industria hotelera, que, bajo el discurso de progreso, amenaza la biodiversidad.
En palabras del director, RETURN sigue la historia de Vivemar, una organización comunitaria en Oaxaca, México. A través de su trabajo, durante la temporada de anidación en las costas mexicanas, buscan salvar a algunas de las especies de tortugas marinas más amenazadas del mundo. El corto sirve como testimonio de que, en México, la defensa de la biodiversidad descansa principalmente en el compromiso cotidiano de comunidades organizadas.
Artículo con la partición de Ignacio Loera.





