jueves, enero 29, 2026
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PLAZA CÍVICA

¿Comenzó el declive?

La realidad parece asentarse, poco a poco, en la mente de los votantes mexicanos. Mientras la población tendía a aprobar las políticas del expresidente López Obrador, hoy tiende a reprobar las de la presidenta Claudia Sheinbaum. Aunque la magia se mantuvo por algunos años, las leyes naturales comenzaron a imponerse.

El último año de gobierno del expresidente López Obrador fue un gran año. No solo por las victorias electorales, sino también por las tasas de aceptación que tuvo. Si su aprobación en materia económica estaba en un 27% en enero de 2024, para agosto se encontraba en 49%. Y si los apoyos sociales tenían un 48% de aprobación, acabaron con un 75%. Su talón de Aquiles fueron dos políticas públicas: corrupción —pasando de 38% de aprobación a 26%— y seguridad pública —de 18% a 28%—. Su aprobación como presidente pasó de 54% a 68% (encuesta de El Financiero). Pero ¿qué explica esos grandes saltos en tan solo un año? Muy probablemente, más dinero en el bolsillo: el salario mínimo aumentó en un 20% en ambas zonas salariales, y los programas sociales en su conjunto tuvieron un aumento de 21% con, además, algunas entregas anticipadas. El déficit ese año fue de 5.7 % del PIB, el mayor desde, al menos, 1990.

James Carville, el asesor del expresidente Bill Clinton, habrá podido declarar “es la economía, estúpido”, para explicar el principal factor que mueve el voto del electorado estadounidense. Sin embargo, en el caso mexicano aplicaría “es el salario mínimo y los programas sociales, estúpido”. La presente administración continúa aplicando recortes presupuestales mientras aumenta los recursos para programas sociales altamente clientelares. Por ejemplo, la SSPC ha tenido recortes continuos desde al menos 2024: pasó de 102 mmdp a 60 mmdp, siendo los recortes aún mayores en términos reales. Lo mismo podríamos decir de salud, infraestructura, justicia y un largo etcétera. Sin embargo, se han creado más programas sociales en la actual administración; sus recursos continúan aumentando (tuvieron 150 mmdp más este año) y, junto con ellos, han crecido las estructuras para tener mayor control sobre ellos y sus clientelas.

El aumento del salario mínimo y los programas sociales explican en gran parte el éxito de Morena, aunque resulta imposible continuar por el mismo camino. Cinco factores juegan en contra de la presidenta, los cuales no jugaron en contra del expresidente. El primero es el carisma lópezobradorista, propio de su persona y de un contexto político particular. El segundo es la falta de ahorros, una economía endeble, el estrecho margen para continuar aumentando el salario mínimo y la imposibilidad de recurrir a grandes déficits. El tercero es una imagen de mando y fortaleza menguada en la presidenta, una variable fundamental para mantener la popularidad. El cuarto es Trump, la revisión/renegociación del T-MEC y la resultante incertidumbre. Y el quinto son las reformas políticas, aprobadas al inicio de esta administración.

Los niveles de aprobación claudista pasaron de un 85% en febrero de 2025 a 69% en diciembre. La población reprueba —por mucho— su manejo de la corrupción y la seguridad pública, mientras disminuye el apoyo a los programas sociales y solo aprueba ligeramente su manejo de la economía. Aumentará el autoritarismo, y más aún al comenzar a ver las consecuencias económicas de las reformas políticas.

 

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