miércoles, enero 21, 2026
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PARA DESCANSAR DE HORRORES

 Que esta semana han sido peores que los que enlisté aquí hace 8 días, hoy escribiré sobre animales.

Nos han agobiado incendios en Chile, descarrilamiento de dos trenes en España y locuras del criminal gringo que aspira a ser emperador del mundo y en carta al primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, amenaza con que al no haber obtenido el Premio Nobel de la Paz, que merece más que nadie porque ha “detenido 8 Guerras”, no está ya obligado a pensar en la paz.

En este ambiente fueron más que bienvenidas las felicitaciones navideñas de muchos famosos, que incluyeron a sus mascotas.

Y hallazgos de la Ciencia que indican que los animales sienten, les encanta oír música y que los acaricien y les hablen suavecito y que cuando crecen junto a bebés humanos, los cuidan y moderan sus movimientos para no asustarlos.

Que se comunican entre ellos por sus nombres; que las ballenas cantan y las focas les aplauden; que los simios se curan con plantas que buscan; que ratas entrenadas, gozan manejando pequeños vehículos.

Que los cuervos saben contar y el vuelo de las abejas señala donde hay flores; que delfines de la Costa Brava española, se alimentan en las redes de pesca sin causar daños y los castores represan los arroyos con rocas, barro y madera; filtrando metales pesados, mejor que los ingenieros; crean humedales que sirven como cortafuegos, evitan inundaciones y son hábitat de insectos, peces, anfibios y aves.

Y han hecho presas tan grandes, como la del Parque Nacional Wood Buffalo en Canadá, que puede verse desde el espacio.

Los animales “piensan”, programan escapatorias cuando están cautivos y eligen lo que les interesa.

Científicos de las universidades Eötvös Loránd en Hungría y de Medicina Veterinaria en Austria, aseguran que siete de cada diez perros, conocen los nombres de sus juguetes.

Así lo hacía el Lobo, un pastor alemán, que me entregaba el que le pedía, pato amarillo, oso azul, dinosaurio rojo o conejo blanco, sin equivocarse.

Y este 26 de diciembre uno de los 28 millones de perros callejeros que hay en México, entró a una tienda de Mérida, Yucatán; contempló peluches largo rato y saltó sobre un osito blanco.

Cuando una empleada lo zarandeó para quitárselo, los mirones se cooperaron y lo pagaron y el perrito les agradeció con brincos de alegría.

Otros recientes “robos” animales, ocurrieron porque hemos invadido su territorio.

En Tailandia un elefante robó comida; en la ciudad brasileña Viçosa, un monito se agenció una cafetera y abrió una jaula de pájaros para liberarlos; y en el condado estadounidense de Hanover, un mapache con ganas de festejar se bebió el contenido de 10 botellas y se encerró en un baño; los encargados dejaron se le pasaran borrachera y cruda y lo soltaron en un bosque.

Gran Bretaña fue el primer país en preocuparse por la protección animal, la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales se fundó en 1824 y la que previene el maltrato a niños, 60 años después.

Muchos siglos antes, Aristóteles les dedicó tratados enteros porque todos, hasta esas vacas que vemos lentas y pasivas, nos sorprenden.

Veronika, una vaca austriaca de 13 años y mascota del panadero Witgar Wiegele, usa para rascarse piquetes de tábanos, “a los que odia”, un palo flexible que mueve hasta donde siente comezón, informó El País este lunes 19 de enero.

Y aves que se creía desaparecidas como el rascón de Galápagos, vista y documentada por Charles Darwin en su visita al archipiélago en 1835, han regresado este 2025 a Floreana, cantando nuevas melodías.

Científicos han colocado micrófonos en las profundidades del Mar de Cortés, Baja California, para enterarse de los secretos de los zifios; especie marina que se sumerge a mayor profundidad y durante más tiempo que las demás.

Elizabeth Henderson, investigadora bioacústica de la Marina estadounidense, explicó que los zifios son la cuarta parte de todas las ballenas y delfines y los sonidos que emiten les ayudan a buscar alimento, aparearse y navegar; “a interpretar su mundo”.

Porque sus cuerpos pequeños y grises se confunden con las olas, nunca se han visto vivos; pero sí cuando mueren en varamientos masivos, tal vez causados por el sonar de la Marina que los impulsa a la superficie demasiado rápido, provocando en su sangre burbujas similares a las sufridas por buzos.

Mueren también, atrapados por redes de pesca o ahogados por pedazos de plástico, que en altamar tienen una acústica similar a la de los calamares que comen.

Finalmente, este 27 de diciembre la academia china de Ciencias reveló que los cuatro ratones que el 31 de octubre volaron al espacio en la estación Shenzhou-21, se llaman Wangtian, mirar al cielo Lanyue, alcanzar la Luna, Zhuiyun perseguir las nubes y Zhumeng, seguir el sueño.