martes, enero 20, 2026
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COMPETENCIA Y COOPERACIÓN

Columna de El Colegio de Economistas de Coahuila, A.C.

 

El impuesto predial: trámite incómodo o motor del desarrollo local

Por: Mtro. Jesús Javier González Alcázar

El mes de enero marca, para millones de hogares mexicanos el momento de pagar el impuesto predial; para muchos de nosotros esta obligación es un trámite incómodo con el que cumplimos solo para evitar recargos, y en muchas ocasiones tratamos de no cumplir con su pago. Sin embargo, el predial es mucho más que una obligación fiscal, con un correcto diseño y una adecuada administración bien es sin duda uno de los instrumentos más importantes para financiar el desarrollo económico local.

En países con sistemas fiscales maduros, el impuesto a la propiedad es la columna vertebral de las finanzas locales, en Estados Unidos representa alrededor del 3% del PIB y el promedio de los países de la OCDE ronda el 1.4% de su producto. En contraste, en economías emergentes la recaudación de este tipo de impuestos apenas alcanza entre 0.1 y 0.8% del PIB; México se ubica en este segundo grupo con una recaudación de apenas un 0.3% del PIB, en consecuencia, es un impuesto subexplotado, con un enorme potencial desaprovechado.

Pero ¿por qué es importante pagar el predial?, sencillo, porque es el impuesto que mejor conecta al ciudadano con su gobierno municipal y constituye la base del pacto fiscal local. Se paga donde se vive y se trabaja, y debería traducirse en mejores calles, alumbrado, recolección de basura, parques, seguridad y orden urbano. La evidencia internacional es clara, cuando mejoran los servicios públicos locales, aumenta el valor de las propiedades. Ese círculo virtuoso sostiene el principio básico del impuesto predial: quien se beneficia de la ciudad debe contribuir a su desarrollo.

Sin embargo, en este caso, el problema en México es la debilidad estructural de este impuesto, ya que la base gravable suele estar desactualizada, el catastro no refleja el crecimiento real de las ciudades, suelen existir múltiples exenciones injustificadas; y la administración del impuesto es precaria en muchos de los casos, además existen también muchos casos de una débil rendición de cuentas del gobierno local sobre cómo recauda y en qué gasta. El resultado es una recaudación insuficiente que limita la inversión pública municipal y debilita la confianza de la ciudadanía en el gobierno que no ve reflejados sus pagos de impuestos en su entorno.

El Fondo Monetario Internacional en su documento de trabajo “How to Design and Implement Property Tax Reforms” señala que existe un amplio margen para fortalecer el impuesto predial sin afectar el crecimiento económico ya que a diferencia de los impuestos al trabajo o a la inversión, el predial grava un activo inmóvil, por lo que distorsiona menos las decisiones económicas y puede ser progresivo si se diseña con criterios de equidad.

Considerando lo anterior, en nuestra ciudad y nuestro Estado, se tiene un gran potencial con este impuesto, diseñándolo para transformarlo en una herramienta estratégica de desarrollo local. Saltillo es una ciudad industrial, con crecimiento urbano sostenido, plusvalías diferenciadas y una demanda creciente de infraestructura. Sin embargo, es muy necesario que gran parte de ese dinamismo económico se refleje en la recaudación municipal y por ende en un fortalecimiento sistemático de los servicios públicos.

Las experiencias internacionales ofrecen rutas claras. En ciudades de India, por ejemplo, se adoptaron sistemas de valuación simplificada basados en superficie, ubicación y uso del inmueble, apoyados en catastros digitales y tecnologías satelitales, lo que resultó en una ampliación significativa de la base gravable y una gran mejora en la recaudación sin un aumento abrupto en las tasas; otros países han introducido recargos a terrenos baldíos urbanos para desincentivar la especulación y promover un desarrollo más compacto y eficiente.

Una reforma inteligente del predial debería apoyarse en diversos ejes, tales como la actualización periódica del catastro, el uso intensivo de tecnologías digitales y georreferenciación, reducción de exenciones, focalizándolas solamente en grupos vulnerables, adultos mayores y hogares de bajos ingresos, pero principalmente con una vinculación explícita entre lo que se recauda y las obras visibles en las localidades.

Este último punto es imprescindible para fortalecer la moral tributaria, cuando el contribuyente percibe que su pago se traduce en bienes y servicios públicos de calidad, aumenta su disposición voluntaria a cumplir. No solo se trata solo de cobrar mejor, sino de generar confianza, legitimidad y corresponsabilidad entre gobierno y ciudadanía. Reinventar el predial como una inversión colectiva, traduciéndolo en servicios e infraestructura claramente identificables fortalece el círculo virtuoso del pacto fiscal. Fortalecer el impuesto predial no es castigar al contribuyente, sino apostar por ciudades más ordenadas, competitivas y equitativas.

 

  • El autor es presidente del Colegio de Economistas de Coahuila, A.C.