
Monterrey.- Fue hace poco más de un mes que Australia se convirtió en el primer país en prohibir el uso de redes sociales a menores de 16 años, bloqueando el acceso a plataformas como Instagram, TikTok y YouTube.
La medida generó apoyo alrededor del mundo, especialmente entre padres preocupados por retrasar, lo más posible, la entrega de un teléfono inteligente a sus hijos y permitirles el uso de redes sociales.
Este viernes, Australia anunció que 4.7 millones de cuentas identificadas como pertenecientes a menores habían sido desactivadas o restringidas desde que el país prohibió el uso de esas plataformas a menores de 16 años.
«Nos enfrentamos a todos los que decían que no se podía hacer, algunas de las empresas más poderosas y ricas del mundo y sus partidarios», afirmó Anika Wells, ministra de Comunicaciones.
«Ahora, los padres australianos pueden estar seguros de que sus hijos pueden recuperar su infancia».
Diversos estudios, y la propia experiencia de padres de familia, confirman el impacto negativo que las pantallas y las redes sociales están causando en la salud física y mental cuando se accede a ellas desde edades tempranas.
De ahí que varios países ya estén legislando en el tema o estén siendo empujados a hacerlo, con prohibiciones o restricciones, y con diferencias en cuanto a edades. Algunos hablan de menores de 16 años, como en el caso de Australia, y otros de 15 años, como en Dinamarca y Francia.
En Nuevo León ha crecido desde 2023 el Movimiento No es Momento, que busca que más padres aplacen, por lo menos hasta los 14 años, la entrega de un celular a sus hijos y, hasta los 16, el uso de redes sociales.
¿Cuándo es, entonces, el mejor momento para permitirles entrar a este mundo digital?
IMPACTO EN EL DESARROLLO
La pediatra Olga Nidia López señala que antes de tomar esta decisión es importante que los padres conozcan el desarrollo cerebral del niño y del adolescente.
Durante la adolescencia, explica, la corteza prefrontal -responsable del control inhibitorio, la planificación, la toma de decisiones y la autorregulación emocional- aún está en desarrollo y continuará madurando hasta entre los 21 y 25 años.
«En contraste, el sistema límbico, que gobierna la emoción y la búsqueda de recompensas, está más desarrollado y es altamente reactivo en esta etapa, especialmente ante estímulos sociales», indica la especialista.
«Este desbalance funcional entre un sistema de recompensa muy activo y un control ejecutivo todavía inmaduro explica por qué los adolescentes tienden a actuar de forma más impulsiva, buscar gratificación inmediata, ser más sensibles a la aprobación social y tener menor capacidad para anticipar consecuencias».
En el caso de que los padres decidan dar un aparato electrónico para uso personal con redes sociales, continúa López, existen ciertos indicadores respaldados por evidencia que pueden tomarse en cuenta, como la capacidad de autorregulación, habilidades sociales saludables, comunicación familiar abierta, conocimiento de los riesgos, así como acuerdos claros y reglas para su uso.
Sobre el teléfono inteligente, la psicóloga Jimena Téllez señala que, desde la neuropsicología, más que la edad, importa el nivel de madurez cerebral y emocional.
«Algunos indicadores de madurez serían la capacidad para seguir reglas, autorregular impulsos, tolerar la frustración y comunicar cuando algo le incomoda o preocupa.
«Además, la capacidad de asumir responsabilidades propias de su edad, como la escuela, horarios y acuerdos, y entender consecuencias. Su cerebro ejecutivo está lo suficientemente desarrollado para asumir el uso de un celular, pero con acompañamiento».
Las habilidades socioemocionales y la seguridad emocional también son importantes para el afrontamiento de juicios y comparaciones.
Para el uso de redes sociales, continúa, se requiere un mayor desarrollo del control emocional y del pensamiento crítico, así como seguridad en sí mismo (buena autoestima), ya que el cerebro adolescente es especialmente sensible a la validación social
«Es recomendable usar redes sociales cuando el joven puede diferenciar su valor personal de los ‘likes’, manejar comparaciones, pedir ayuda ante contenido perturbador y respetar límites de tiempo.
«Otro punto importante es que el adolescente, al abrir una red social, tenga habilidades sociales en forma presencial para evitar que la red social sea un único centro de contacto social».
Antes de autorizar redes, indica Téllez, es clave que exista educación emocional, supervisión gradual, acuerdos claros y actividades sociales y lúdicas presenciales que generen un balance en su vida.
AUSTRALIA, EL MUNDO Y NL
A un mes de la entrada en vigor de la ley que prohibió las redes sociales a menores de 16 años, el periódico australiano Financial Review reportó que había pocos cambios en redes como Instagram y Snapchat.
Según la legislación australiana, plataformas como Facebook, Instagram, TikTok, X, YouTube y Twitch, entre otras, pueden ser sancionadas con multas de hasta 49.5 millones de dólares australianos (33.2 millones de dólares estadounidenses) si no adoptan medidas razonables para impedir o eliminar las cuentas de usuarios menores de 16 años en el país.
Los servicios de mensajería, como WhatsApp y Facebook Messenger, quedan excluidos de esta obligación.
Aunque no se sabe cuántas de esas cuentas seguían activas en las 10 plataformas, la funcionaria consideró alentadora la cifra de 4.7 millones de cuentas desactivadas o restringidas.
«Para esas familias, la prohibición ofrece algo poderoso: una norma social clara», afirmó el medio australiano. Por ello, algunos países avanzan hacia la regulación del uso de estas tecnologías, ya sea de manera total o parcial, particularmente en Europa.
En México, en Querétaro se prohibieron los celulares en educación primaria el año pasado.
En Nuevo León, la nueva Ley de Educación, que incluye la regulación de celulares en las escuelas fue aprobada en comisiones y sólo se espera que sea votada por el pleno en febrero.
«En la ley de educación venía aplicado obviamente más a que no se utilicen en las aulas», dijo la diputada Perla Villarreal, presidenta de la Comisión de Educación, Cultura y Deporte del Congreso local.
«Y que esté regulado por la Secretaría de Educación (estatal), que se haga un reglamento para que las escuelas lo apliquen y que no se utilice (el celular)».
HALLAZGOS
The Washington Post publicó este mes que estudios arrojan luz sobre los riesgos del acceso temprano a los teléfonos inteligentes y del uso de pantallas para la salud mental de los adolescentes.
Una de las investigaciones citadas distinguió entre el tiempo total frente a la pantalla y lo que denominó uso adictivo.
La diferencia resultó crucial: el número total de horas en línea no predijo el riesgo de suicidio, pero los patrones compulsivos -angustia al separarse del dispositivo, dificultad para reducir su uso- sí lo hicieron.
Los adolescentes cuyo uso adictivo aumentó con el tiempo presentaron entre dos y tres veces más riesgo de ideación y conductas suicidas que aquellos cuyo uso se mantuvo bajo.
El estudio también encontró diferencias según el tipo de actividad en línea.
Los niños con uso alto y creciente de videojuegos presentaron más problemas de salud mental internalizados, como ansiedad y depresión, mientras que aquellos con uso alto y creciente de redes sociales tendieron a mostrar más conductas como romper reglas y agresividad.
En múltiples estudios, los niveles altos de uso de pantallas se asocian con descensos medibles en el rendimiento cognitivo (menor velocidad de procesamiento, menor atención y memoria más débil).
Otra investigación examinó la atención y encontró que el uso de redes sociales -a diferencia de los videojuegos o ver programas- se asoció con un aumento de los síntomas de inatención.
LÍMITES
Algunas señales o comportamientos para valorar si tu hijo tiene la madurez para utilizar celular o redes sociales: Observar si tiene capacidad de autorregulación, habilidades sociales saludables, comunicación familiar abierta y conocimiento de los riesgos.
Es capaz de seguir reglas, tolerar la frustración y comunicar cuando algo le incomoda o preocupa; asume responsabilidades propias de su edad, como la escuela, horarios y acuerdos, y entiende consecuencias.
Muestra control emocional y pensamiento crítico, así como seguridad en sí mismo (buena autoestima). (AGENCIA REFORMA)




