Los videntes y estudiosos del tema de la espiritualidad afirman que en el 2026 se abre un portal energético numérico 1.1.1. Esta alineación es triple y, por ello, muy poderosa. Este año vibra en la frecuencia 1 que simboliza el inicio, la unidad y la fuerza para alcanzar metas. Por lo tanto, se incrementarán la intuición, la percepción y la creatividad. Asimismo, se fortalecerá la conexión con nosotros mismos, lo que permitirá que se cumplan todos nuestros deseos.
Es una buena noticia, ya que se pronóstica un excelente año para todos. Es un buen momento para iniciar el 2026 con nuevos bríos. Por ello, se presenta una oportunidad para liberarnos del resentimiento, el enojo y la ira hacia quienes nos han dañado, y dejar ir pensamientos y emociones tóxicas, entre otras situaciones negativas. Algunas personas, por ignorancia, nos tratan mal, nos menosprecian, no cumplen sus promesas, nos traicionan, mienten o abusan de nosotros. Aprovechemos las bondades que ofrece este año para liberarnos de esos pensamientos negativos a través del perdón.
La palabra perdón viene del latín perdonare, que significa “dar completamente” o “regalar por completo”. En el diccionario de la Real Academia Española significa: “remitir la deuda, ofensa, falta, delito u otra cosa”. Para la biblia el perdón es una decisión de dejar ir el rencor y la amargura, eligiendo la misericordia sobre la venganza. Realmente, es una decisión dejar de alimentar el resentimiento; esta elección permite seguir adelante y disfrutar los buenos momentos en vez de quedarnos dando vueltas a la acción que nos dañó y dejar de vivir lo que realmente importa y alimenta el alma.
Cambiemos de chip sobre las situaciones que nos causan dolor. Somos expertos en revivir la ofensa constantemente, una y otra vez, lo que nos lleva a la frustración, la decepción, la ira y la amargura, sobre todo si quien nos hizo daño es alguien que nos importa. En un curso que tomé sobre budismo nos explicaban que existe una cita popular atribuida a Buda que dice: “Aferrarse al odio, es como tomar veneno y esperar que la otra persona muera”. Por supuesto, el odio es dañino para uno mismo, somos nosotros quienes pagamos un alto precio. Quien se enferma de odio somos nosotros, mientras tanto la otra persona va por la vida muy campante. Es recomendable perdonar, aunque resulta complicado entenderlo y hacerlo, porque nunca se olvida a la persona que nos ofendió o lastimó.
La psicología dice que el perdón tiene etapas como: reconocer el daño; aceptar las emociones; tomar la decisión de perdonar; ser empáticos; dejar el resentimiento. Perdonar no significa volver a ponernos de tapete para que nos pisoteen; es entender las causas que provocaron el comportamiento de la persona que nos causó daño. Cuando logramos perdonar, somos capaces de ver a esa persona a los ojos y no sentir dolor de estómago, incomodidad, ni resentimiento, sino comprender las causas de su comportamiento. En ese maravilloso momento entenderemos el alivio que se experimenta al liberarte de sus garras. ¡Ganamos!
Si liberamos el odio y somos capaces de perdonar, automáticamente nos despojamos de los sentimientos negativos. Logramos autocuidarnos emocionalmente, sanar heridas, desarrollar la empatía, comprender las imperfecciones humanas. Santa Teresa de Calcuta comentaba que: “El perdón es una decisión, no un sentimiento…”. Así, nosotros elegimos que camino tomar; no olvidemos que el perdón nos permite avanzar y llevar una vida plena.





