En la actualidad, para un gran número de personas, la existencia y los esfuerzos humanos carecen de sentido, lo que provoca una grave enfermedad social que conduce al deterioro colectivo. Los síntomas son diversos; por mencionar algunos: la vida ya no se valora, las personas se ven dominadas por la apatía, se incrementa la falta de motivación y la desesperanza, y con ellos, surgen los problemas de salud mental y la inevitable anhedonia. Se experimenta una profunda sensación de falta de significado en la vida.
Todos los días recibimos noticias sumamente desagradables en los medios de comunicación y en las redes sociales, donde se reproducen imágenes de escenas de guerra y personas destrozadas como consecuencia de los misiles; inundaciones en las que se observa cómo la corriente feroz arrastra vidas; ataques de individuos que disparan sin ton ni son contra quienes se encuentran en centros comerciales, escuelas o espacios públicos. A ello se suman los constantes anuncios de crisis económicas y políticas. Todo esto altera considerablemente el clima social y genera un profundo desaliento.
Yo no sé usted, pero sinceramente no entiendo en qué mundo vivimos. Por un lado, resulta irónico que el día en que los ciudadanos cansados de la violencia que se vive en el país se manifestaron para exigir paz, fueran agredidos sin distinción de edad o sexo; y, por otro, que posteriormente el gobierno federal convocara a “festejar” los 7 años del triunfo de la llamada 4T. Ese mismo día en el estado de Michoacán un vehículo estalló dejando personas muertas y heridas. Lo más grave es que en ese lugar asesinaron a Carlos Manzo, quien suplicaba apoyo para combatir al narcotráfico. ¿Qué podemos esperar si, para quienes conducen el país, la vida de gente inocente no tiene la menor importancia? Estos hechos causan desaliento, frustración, miedo y estrés, entre otras manifestaciones.
Esta situación me lleva a la pregunta: ¿Por qué ya nada importa? Estudios psicológicos y sociológicos sobre el tema han llegado a la conclusión que es una combinación de factores tanto psicológicos como culturales que provocan apatía social y desmotivación. Vivimos momentos muy complejos y de gran incertidumbre, lo que nos conduce a una pérdida de sentido y una gran ausencia de expectativas, generando ese vacío emocional y la incapacidad de sentir placer.
En mi adolescencia recuerdo las palabras de mis padres: “estudia una carrera para que tengas de qué vivir dignamente” y así lo hicimos. Hoy, estos anhelos ya no se cumplen, La sociedad moderna no ofrece a los jóvenes suficientes oportunidades laborales, menos aún, una mejor calidad de vida. Esto provoca una desvalorización de la cultura del esfuerzo y fomenta el consumismo, la obtención de todo de manera fácil y rápida, así como la falta de conocimiento para enfrentar los retos y desafíos que plantea la vida en sociedad.
Me preocupa la apatía social, pues afecta de manera considerable la calidad de vida de los ciudadanos. Esa falta de interés, motivación y respuesta ante las situaciones que nos afectan a todos. Es necesario despertar de ese letargo, reflexionar y cambiar la actitud ante la realidad que estamos viviendo. Es obligatorio comprender que es hora de proponer y participar activamente, de asumir las responsabilidades que nos corresponden, tomar decisiones, recuperar la fe, y luchar para transformar esta realidad,
Sí, en verdad es posible revertir la apatía social si buscamos estrategias efectivas para salir de ese estado negativo, como realizar trabajo voluntario en alguna asociación, donde el apoyo resulta especialmente valioso en estos momentos. También es importante integrarse a reuniones o grupos de defensa local y fomentar los lazos con los vecinos. Estoy convencida de que, con pequeñas acciones podemos contribuir de manera positiva a la sociedad. Al involucrarnos en los problemas de la comunidad y realizar esfuerzos colectivos, por modestos que parezcan, lograremos construir una sociedad más comprometida y participativa, por ello, cuidemos nuestra participación política y reflexionemos a la hora de emitir nuestro voto electoral. No olvidemos que la conciencia social inicia cuando sufres por lo que no afecta directamente.





