sábado, febrero 7, 2026
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VIVIR ES AHORA

¿Qué te impide disfrutar?

¿Alguna vez te has detenido a pensar que quizás estás persiguiendo algo que es inalcanzable?

Por lo general, todos deseamos la vida perfecta, el amor perfecto, la apariencia perfecta, la familia perfecta, el trabajo perfecto, el momento perfecto…

Vivimos en una constante búsqueda de perfección, control y certezas absolutas. Y caemos en la trampa de pensar de que, si podemos tener el control, o tener la razón en todo, y de que cuando todo salga según nuestros planes, con eso, podemos asegurar nuestro bienestar y felicidad y hasta ese momento podremos ser felices.

Pero, en esa obsesión por tener la verdad y el control, ¿acaso no estamos perdiéndonos de algo mucho más valioso? Muchas veces, al tomar consciencia de en dónde estamos obsesionados por tener la verdad y el control, encontramos la verdadera causa de nuestro sufrimiento.

Los momentos que tenemos en el momento presente, el bien que está ahí para tomarlo y disfrutarlo, el amor que ya está ahí, tal vez disfrazado de una manera que no esperábamos, y los instantes que pueden llenar de plenitud nuestra existencia,

Muchas veces, nuestro sufrimiento surge precisamente en ese punto: en la necesidad de tener toda la certeza, en esa resistencia a dejar ir. Y nos aferramos a expectativas que nos pesan como anclas, expectativas que no son más que una ilusión proyectada en la niebla; y a imágenes que, en realidad, solo existen en nuestra mente como espejismos en medio del desierto.

Nos empeñamos en controlar cada detalle, esperando que eso nos proteja del vacío, de la desaprobación, del rechazo… cuando en realidad, esa búsqueda desmedida nos aleja de la verdadera felicidad.

La vida, en su esencia, es como un río que fluye libremente. Cuando intentamos detener su corriente para que siga nuestro curso, solo conseguimos que esa agua se estanque, que se vuelva turbia y que pierda su magia. Pero si aprendemos a confiar en la corriente, a dejar que el agua fluya sin resistencia, esa misma vida nos lleva a destinos insospechados, llenos de belleza y aprendizaje.

Y, tal vez, lo mejor de nuestra historia, lo más hermoso que podemos vivir, ya está aquí, a nuestro lado, como un jardín lleno de flores que podemos empezar a apreciar si dejamos de preocuparnos por el qué dirán o por tener más. Nos olvidamos de mirar con atención, de abrir los ojos a los pequeños milagros diarios: esas bendiciones que, si las reconocemos, nos transforman y nos llenan de gratitud.

¿Qué pasaría si dejáramos de luchar por tener el control y empezamos a simplemente fluir y aceptar? Aceptar no para sentirnos derrotados, sino para generar un plan de acción que nos permita volver a comenzar desde este nuevo punto de partida.

La diferencia entre tener una buena estrategia y querer controlarlo todo es abismal. Ante la primera, podemos establecer un plan de acción definido que podemos ir midiendo a cada paso. En cambio, con la segunda, nos embarcamos en luchas de poder, generamos resistencias al cambio, desgastamos nuestras fuerzas y consumimos nuestra energía en pequeños infiernos que nosotros mismos vamos generando. Y sufrimos, y hacemos sufrir a los demás…

Despierta… Creo que la respuesta está en abrirnos a lo que ya somos y lo que ya tenemos, a reconocer todo el bien que ya se nos fue dado y en la sabiduría que hemos construido. La paz no llega con tenerlo todo bajo llave, sino con aprender a soltar esas cadenas y confiar en el viento que sopla dulce y libre, en la sabiduría de nuestro corazón y en el ritmo de la vida misma.

¿Y cuál es el miedo que se esconde detrás de toda esa obsesión por la perfección y el control? Probablemente, el miedo a no ser suficiente, a no ser amado, a ser vulnerables o a perder lo que creemos que nos define.

En realidad, cuando enfrentamos ese miedo y lo aceptamos, abrimos nuestras alas y recordamos que somos un ave que nació para volar, y que solamente el temor es el que nos mantiene anclados en la tierra.

Nada de lo que tememos tiene el poder de destruirnos si no le damos poder. Cuando estamos dispuestos a aceptarnos con todas nuestras imperfecciones y maravillas, como un árbol que se balancea con el viento, sin romperse, solo creciendo más fuerte.

Porque lo único real es que la felicidad no es un destino lejano ni un premio que se gana con esfuerzo y perfección, sino el brillo que emerge cuando dejamos de esconder nuestra luz y no nos permitimos iluminar cada rincón de nuestro ser. Entonces te pregunto:

 

¿A qué le tienes miedo? ¿Qué se esconde detrás de todo esto?

 

La verdadera libertad está en dejar ir esas ideas que nos aprisionan, y en confiar en que la vida nos envía señales: señales de paz y bendiciones; tan sólo necesitas detenerte, respirar profundo, y permitirte realmente recibirlas, con gratitud y apertura. Y recuerda siempre que:

 

«La mayor fortaleza no está en tener todo bajo control, sino en abrir el corazón a la magia que ya eres, en confiar en la belleza del ahora y en disfrutar de cada bendición que la vida, en su infinita generosidad, te está regalando.»

 

coachteylealg@gmail.com