Donde no todo es lo que parece

Los nuevos timoneles municipales del PRI
En política no existen casualidades, y menos en el PRI, un partido que ha demostrado que en base a disciplina, reacomodos y cálculo milimétrico se ganan elecciones. Los recientes cambios en las dirigencias de los comités municipales no deben verse como simples relevos administrativos: son, en realidad, un ensayo general rumbo al 2027, cuando estará en juego la renovación de las alcaldías en todo Coahuila.
El PRI sabe que cada municipio es un campo de batalla donde no basta con tener oficinas abiertas o estructuras decorativas. Los comités municipales son el primer frente, el punto donde se mide la capacidad de movilización, la influencia territorial y, sobre todo, el grado de lealtad al partido. No es casual que en muchos municipios los nuevos presidentes de comité ya se mencionen como futuros candidatos a la alcaldía. Su llegada obedece a un plan estratégico: colocar piezas que, si muestran resultados, podrán convertirse en cartas fuertes para el 2027.
Sin embargo, antes de pensar en presidencias municipales, hay una prueba de fuego ineludible: la elección del 2026. En ese proceso estarán en juego las diputaciones locales, y ahí se pondrá a prueba el verdadero peso de los comités recién renovados. No se trata solo de respaldar al candidato que les toque apoyar, sino de demostrar capacidad de operación, lectura del ánimo ciudadano y, en pocas palabras, de ganar. Ese será el examen que decidirá si los nuevos dirigentes están hechos para brincar a la pista principal del circo político o si quedarán como simples aspirantes.
En los pasillos partidistas abundan los calefactos, esos personajes ansiosos de sentarse en la silla de mando municipal. La ambición, en política, nunca falta, pero la dirigencia estatal a cargo de don Carlos Robles Lostaunau y de Diego Rodríguez ha dejado claro que la disciplina se impondrá al capricho personal. No se trata de “querer”, sino de poder y de demostrarlo en las urnas. El que no logre mover a su municipio en 2026, difícilmente será considerado para la alcaldía en 2027.
La lógica es sencilla: un presidente de comité que no pudo ganar una diputación local, ¿cómo podría garantizar el triunfo en una elección municipal, donde la exigencia y la competencia se multiplican? El PRI no puede darse el lujo de improvisar candidatos, porque el adversario mas pujante es MORENA, aunque fragmentado, existe y compite. El partido sabe que, en tiempos donde los votantes son cada vez más críticos, no basta la retórica, se necesita eficacia.
Por eso, los cambios en los comités no deben verse como simples nombramientos de escritorio, sino como un filtro político. La dirigencia estatal y nacional están observando con lupa quiénes logran cohesionar su municipio, quiénes movilizan estructuras y quiénes se limitan a posar para la foto de la toma de protesta. El 2026 será el parteaguas, y el que no entregue resultados quedará relegado.
Mientras tanto, los calefactos siguen en la pasarela. Todos quieren el timón, pero no todos están preparados para conducir. La política, al final, es un circo donde no caben improvisados: los reflectores se encienden para unos pocos, y el resto termina como público de gradería.
En conclusión, el PRI está jugando con inteligencia: primero consolidar su fuerza en las diputaciones locales, y luego abrir paso a quienes se ganen, con resultados, el derecho a aparecer en la boleta del 2027. El circo político apenas monta su carpa para la próxima temporada, y aunque muchos se dicen listos para entrar en la pista, solo los que superen la prueba del 2026 podrán convertirse en protagonistas del espectáculo electoral que se avecina.
“Dejemos que se acabe el circo para verle la cara a los payasos”.




