En mi ministerio sacerdotal, he tenido el privilegio de acompañar a muchas familias. He escuchado de padres e hijos las dificultades, problemas, sinsabores y retos que enfrentan. En esta compleja tarea de educar y formar una familia, percibo dos factores predominantes: el miedo y la ignorancia. El miedo paraliza, impidiendo enfrentar las dificultades y los desafíos. La ignorancia, por su parte, se manifiesta en la incapacidad de saber cómo actuar ante situaciones concretas. Ambos factores, a menudo, llevan a evadir los problemas y a delegar la responsabilidad en «expertos» como psicólogos, terapeutas o sacerdotes. A esto se suma un factor aún más perjudicial: la pereza intelectual. La falta de interés por informarse y formarse verdaderamente a sí mismos hace que los padres transfieran a otros una misión que les es propia: la de cuidar y formar a sus hijos. Recientemente, llegó a mis manos un video en una plataforma de mis redes sociales cuyo mensaje me pareció útil, urgente y actual. Se titula «Los cuatro errores por los que crías hijos sin futuro».
Primero error: Darle un celular, es quitarle la niñez, cambias los juegos reales por una pantalla vacía, matas su imaginación su curiosidad y su capacidad de aburrirse que es donde nace la creatividad. A menudo, los padres caen en la comodidad de usar el celular como un «chupón» digital para silenciar a sus hijos. Esta falsa comodidad tiene consecuencias letales: los niños dejan de jugar, de correr, de ejercitarse, de “subirse a los árboles”. ¿Cuántas veces hemos visto a adolescentes en fiestas, incapaces de conversar, cada uno en su pantalla? La atención prolongada se pierde, programada para pasar cada diez segundos de imagen en imagen, de video en video. Un teléfono sin la guía adecuada es tan peligroso como darle a un niño un auto para que lo conduzca sin saber manejar.
Segundo: No decirles no por miedo a que se enojen pero la vida les va a gritar no en la cara, y no sabrán que hacer, confundir a mor con permisividad y terminas criando tiranos frágiles. El miedo a «traumar» a los hijos con una corrección es infundado. La corrección y los límites son fundamentales para aprender y crecer. Si los padres siempre dicen «sí», los hijos no estarán preparados para enfrentarse a un mundo en el que la mayoría de las personas no lo harán. Esto puede llevarlos a la frustración y la depresión, ya que no sabrán manejar la negación.
Tercero: Los llenas de todo menos de valores, tienen juguetes y ropa y redes pero no saben lo que es gratitud y respeto, o humildad, y crecerán creyendo que lo merecen todo, sin esfuerzo. Personalmente, prefiero hablar de virtudes más que de valores. Los valores pueden ser subjetivos, pero las virtudes son objetivas y precisas, como la laboriosidad o la honestidad. El punto crucial es que las virtudes no se enseñan como una lección de biología, sino que se transmiten a través del ejemplo. Como decían los sabios griegos, solo el hombre virtuoso puede ser feliz.
Cuarto: Es duro, si pero más duro es ver como los pierdes por miedo a educarlos. Es un gran error de tener miedo a educar, esta frase no necesita más explicaciones. Hasta la próxima.





