sábado, febrero 7, 2026
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PUNTO DE CIENCIA

La ciencia de lo invisible

RUBÉN GARCÍA GARZA

 El cuerpo humano está compuesto por alrededor de 17 billones de células en niños y 34 billones en adultos, las cuales, en conjunto, forman tejidos, órganos y sistemas. Existen más de 200 tipos de células humanas con diferentes formas, tamaños y funciones, y no son visibles al ojo humano, por lo que se requieren herramientas similares a los telescopios, llamadas microscopios de campo claro, capaces de incrementar hasta 1000 veces el tamaño de los objetos, lo que ya es mucho considerando que las mejores cámaras de celulares pueden llegar a tan solo 100 aumentos.

Si 1000 veces aumentado te parece poco, existen otros tipos de microscopios que son capaces de incrementar los objetos entre 300,000 y 1,000,000 de veces, lo que nos permite observar que dentro de la célula hay pequeños organitos celulares llamados organelos, que le permiten funcionar adecuadamente. También existen microscopios de fuerza atómica con una mayor capacidad de aumento, lo que nos permite ver estructuras de hasta una millonésima de milímetro. Lo mejor de todo es que no solo se utilizan en la medicina, sino que también tienen aplicaciones en la ingeniería, metalurgia, robótica, entre otras disciplinas.

El microscopio óptico, al ser más accesible, es el más utilizado para identificar modificaciones celulares en procesos inflamatorios, cáncer, intoxicaciones o diversas lesiones celulares. En diversos estudios de investigación, ya sea en humanos o animales de experimentación, utilizamos el microscopio para determinar si algunos extractos de plantas, infusiones o medicamentos ocasionan daño a órganos como el hígado, el riñón, el cerebro o el intestino, o si productos tóxicos como el arsénico o el cadmio son capaces de dañar al sistema nervioso y afectar procesos como la memoria.

Con el uso del microscopio hemos demostrado que extractos de moringa, coyotillo, laurel, entre otros, son capaces de producir daño renal y hepático a diversas dosis en ratas de laboratorio. Esto nos enseña a no confiar ciegamente en los productos naturales, ya que, como dijo el médico y astrólogo suizo Paracelso en su frase icónica: “Ni poco ni demasiado”, mejor conocida en el ámbito médico como: “La dosis hace al veneno”, por lo que es muy importante considerar la dosis, ya que muchos de estos compuestos en su estado natural suelen contener tanto elementos benéficos como potencialmente perjudiciales mezclados.

Por otro lado, no todo es malo, ya que, así como el microscopio nos ayuda a identificar daños, también nos permite observar procesos de reparación o protección. Utilizando algunos extractos de plantas, hemos demostrado protección en modelos de lesión de diversos órganos, incluso en la aceleración de la cicatrización de heridas y reparación de daños renales, hepáticos, e incluso neuronales.

En otros laboratorios, diversos científicos que también se dedican al uso del microscopio han identificado agentes potencialmente benéficos en la reparación de lesiones en el cerebro y la médula espinal, regeneración de la piel, así como resultados muy prometedores en el tratamiento de distintos tipos de cáncer.

El uso del microscopio no es tan complejo, pero requiere que sepamos reconocer los distintos tipos celulares y los tejidos que forman, a fin de detectar alteraciones. Por ello, el estudio de las células, órganos y tejidos es muy importante en las carreras de medicina, veterinaria, biología, bioquímica, entre otras.

Las nuevas generaciones de niños y adolescentes son cada vez más visuales, por lo que ejercitar la vista con el microscopio podrá resultar más fácil y divertido de lo que se imaginan. Seguramente muchos de nuestros jóvenes lectores serán capaces de profundizar aún más en el conocimiento celular y contribuir a la ciencia.

Te invitamos a conocer el vasto mundo celular a través del microscopio, para que así puedas hacer visible lo invisible.

 

Facultad de medicina, Unidad Laguna

 

rubengarciagarza@uadec.edu.mx