Dice un refrán que escuché de un argentino, que no hay recién nacido feo, como no han recién fallecido malo. Hace una semana, se dio una noticia que tomó por sorpresa a muchos: la muerte del Papa Francisco, a acaecida el lunes pasado a las siete treinta y cinco de la mañana. Las noticias pasan rápido y dejan de ser noticia. Hoy las notas están centradas, no en sus funerales ni en el novenario, lo que interesa es la elección del próximo Papa; los motivos son muy diversos, desde la fe, a la curiosidad de propios y extraños, pues viendo noticieros, escuchando podcast, leyendo notas de diversos medios, es claro que el Conclave para elegir al Papa es un tema que no pasa desapercibido.
Pero este asunto también pasará rápido, como pasaron rápido los doce años del Papa Francisco al frente de la Iglesia, institución bimilenaria, la cual ha tenido a 266 papas, sucesores de Pedro, por lo tanto: ¿Qué son doce años frente a los casi veinte siglos de vida de la Iglesia? No son nada, y como dijo una periodista: “una Institución que sobreviva a tantos dirigentes, y no todos ejemplares, es el mejor ejemplo de estabilidad”. Se dice que cuando Napoleón apresó al Papa Pio VII, los oficiales franceses le dijeron a Pio VII: “vamos a destruir tu Iglesia”, y el Papa les respondió: “ni nosotros que estamos dentro la hemos podido destruir en dieciocho siglos, menos ustedes que están fuera”.
Pasó ese periodo tumultuoso, y tanto Napoleón, como Pió VII pasaron, y la Iglesia sigue, han pasado doscientos sesenta y seis papas, la inmensa mayoría ya olvidos de la memoria colectiva, unos con más pena que gloria, y otros que, afortunadamente son la mayoría, con más gracia que pena. El pontificado de Francisco pasó, y en estos doce años se vivieron muchos cambios acelerados, él mismo lo comentaba en sus intervenciones: cambios políticos, económicos, sociales, culturales, guerras continuas, el surgimiento de la Inteligencia Artificial, a la cual pidió una seria atención por sus repercusiones en el inmediato plazo. En su pontificado se vivió una pandemia; en fin, tuvo que tomar decisiones fuertes y decididas.
El Papa Francisco, como todos los anteriores papas, fue aceptado por unos y rechazado por otros, esto no es nuevo, las comparaciones hechas sobre los papas es algo normal, para un sector fue mejor que otros, otro sector opinará la contrario. En el internet y en diversas plataformas se encuentra información para cada gusto y tendencia. Estos doce años pasaron muy rápido, y estos días también se irán muy rápido, sólo espero que los acontecimientos que están sucediendo en Roma para la elección del nuevo Papa, no sean utilizados como cortinas de humo, como tristemente suele suceder, para distraer a la población, y operar manejos turbios en otros sectores de la vida pública.
Tan estable es la Iglesia, que no depende de un determinado tipo ni estilo de Papa para continuar; es más, tampoco su existencia depende si es aceptada o no por las modas pasajeras, ni mucho menos de contemporizar con el estilo de determinadas culturas, es más; ni siquiera depende su existencia de que sus miembros la quieran o la defiendan, pues increíblemente, en unos países es prohibida y perseguida, y en otros como de antigua tradición cristiana, se han vuelto muy hostiles ha ella y aunque han nacido de una matriz cristiana la quieren destruir. Nerón, Robespierre entre otros, y en México Plutarco Elías Calles, querían acabar con la Iglesia, todos ellos pasaron, y ella sigue y seguirá adelante; bueno, así se lo prometió su divino fundador.





