
El tiro al blanco en el Jockey Club
En esta ocasión te platico de una anécdota que sucedió en una de las cantinas del Saltillo del ayer, que con seguridad fue de las más emblemáticas que existieron en esta hermosa ciudad de Saltillo.
Me refiero al famosísimo Jockey Club, un bar situado sobre la calle de Juárez, frente a la Plaza de Armas, punto de encuentro para políticos, periodistas y la clase alta de la sociedad saltillense, lugar en el cual sucedieron no cientos sino miles de anécdotas, como la que vieron y vivieron los parroquianos que convivían y bebían el 7 de julio de 1956.
Eran las primeras horas de la madrugada de ese día cuando Efraín López ingresó al Jockey Club, ya con bastantes copas de más. Se dirigió a la barra como dice la canción, “exigiendo su tequila”, y ante la negativa del cantinero de servirle alguna copa de licor, vino o cerveza, el parroquiano sacó su pistola empezando a disparar, y al parecer lo hizo con muy buena puntería, pues además de destrozar un sillón y un espejo, logró dar en una buena cantidad de botellas. Pareciera que donde el borracho de Efraín ponía el ojo, ponía la bala.
Cantineros, clientes y parroquianos pidieron ayuda, arribando los agentes secretos de la policía, quienes lograron tranquilizarlo, seguramente con algún método poco ortodoxo, para después llevárselo a los amparos de la policía municipal, para que así Efraín López durmiera en ese maloliente lugar.
Ya después de la borrachera, cuando se le bajó lo borracho, con una cruda de los mil demonios y con la papalina a cuestas (déjeme decirle estimada y estimado Saltillo que la papalina es sinónimo de borrachera) Efraín, ya sin alcohol ni pistola, frente al juez aseguró estar arrepentido de haber jugado al tiro al blanco con su arma de fuego en el Jockey Club. El borracho pistolero y mala copa de Efraín, además de ser sancionado con una multa por ebrio y escandaloso, se comprometió a pagar todos los daños ocasionados.
Esta es una historia que sucedió en el Jockey Club aquí en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, la historia de un mala copa que cuando le fue negada una copa, empezó a dispararle hasta a las copas. Y pareciera que esto sólo sucede en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, si toma no dispare y tampoco maneje.




