NECESITAMOS INTELIGENCIA EMOCIONAL

Los seres humanos somos privilegiados, porque tenemos inteligencia, lenguaje, un sistema de memoria, afectividad, voluntad, imaginación, habilidades creativas, conciencia, espiritualidad; entre otras extraordinarias capacidades. Cada uno de nosotros somos seres únicos e irrepetibles. También tenemos emociones, que nos ayudan a adaptarnos al entorno, son señales que nos pasan información sobre lo que nos rodea y de nosotros mismos. Contribuyen en la toma de decisiones, en nuestros pensamientos y actitudes. Cuando se manifiestan en las personas su duración puede ser alta o corta y cuando evitamos que se manifiesten puede traer graves consecuencias físicas, ansiedad o bloqueo.

Según los conocedores del tema las emociones pueden ser positivas, negativas o ambiguas; las primeras se manifiestan como: la alegría, buen humor, la felicidad, el amor, el júbilo, el gozo. Y las segundas con el miedo, ansiedad, ira, tristeza, rechazo, vergüenza, odio, envidia, y finalmente las ambiguas como sorpresa, esperanza y compasión. Sin embargo, unos investigadores norteamericanos en los estudios que realizaron identificador hasta 27 estados emocionales en los grupos que intervinieron como: admiración, adoración, aprecio estético, diversión, ansiedad, asombro, incomodidad, aburrimiento, calma, confusión, anhelo, aversión, dolor empático, embelesamiento, envidia, miedo, horror, interés, alegría, nostalgia, romance, tristeza, satisfacción, deseo, simpatía y triunfo.

En 1990, surge el concepto de inteligencia emocional con Peter Salovey y John Mayer la definen como la capacidad de razonar acerca de las emociones, para mejorar el pensamiento. Después Daniel Goleman profundiza en el tema y lo desarrolla aún más; y la define como la habilidad de reconocer, regular y comprender las emociones, tanto en ti mismo como en los demás. Aristóteles lo define de una manera clara, la importancia de tener  inteligencia emocional: “Cualquiera puede ponerse furioso… eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto, y de la forma correcta… eso no es fácil”. Y efectivamente no es fácil, pero si tomamos consciencia de ello si podemos lograrlo.

¿Por qué necesitamos desarrollar la inteligencia emocional? Muy simple, porque obtenemos grandes beneficios, ya que nos permite entender, administrar, usar de manera apropiada nuestras emociones, a no generar estrés, la comunicación con nuestros semejantes será de forma efectiva, porque nos ayudará a empatizar con otras personas, es decir, comprender y compartir los sentimientos de los demás, nos da luz, para ver las cosas desde otros puntos de vista que nosotros desconocemos. De esta forma podremos sin dificultad alguna superar los desafíos y aminorar conflictos.

Es importante comprender lo que sentimos en diferentes situaciones y también como se sienten otros, es primordial para tener buenas relaciones con nuestro entorno y la vida en general, aprender a conocer cómo te manejas tú y tus relaciones. En el pronaos del templo Apolo en el oráculo Delfos estaba escrito “Conócete a ti mismo y conocerás el universo y los dioses”, gran verdad que las personas omitimos a lo largo de nuestra existencia, porque es mejor, juzgar, criticar, mirar afuera que adentro. La virtud de mirarnos trae consigo grandes ventajas, saber qué es lo que sientes, porque lo sientes, en que situaciones, entender si sabemos escuchar. Por ello, es importante entender que cada emoción tiene su lugar, que es un mensaje significativo. Cuando no manejamos la inteligencia emocional, las emociones están fuera de control, se manifiestan de manera grotesca en situaciones inapropiadas, su duración es larga y las consecuencias son desastrosas.

Lo invito querido lector, a reflexionar sobre sus emociones, porque considero que es necesario y urgente saberlas manejar, observé a su alrededor y se dará cuenta de la ausencia de esta inteligencia en la mayoría de las personas que nos rodean, cuando manejamos, al asistir a un club deportivo, o a cualquier lugar público. Pero sobre todo en los políticos de nuestro país, ojalá y fuera un requisito tener inteligencia emocional, el mundo sería diferente, se manifestaría la solidaridad, el cuidado por el prójimo, la ausencia de ambición desmedida, resolver conflictos y no crearlos, ¿verdad que necesitamos inteligencia emocional?

Autor

Susana Cepeda Islas
Susana Cepeda Islas
Cursó la Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública en la UNAM. Obtuvo el Grado de Maestra en Psicología Social de Grupos e Instituciones por la UAM-Xochimilco y el Doctorado en Planeación y Liderazgo Educativo en la Universidad Autónoma del Noreste. Cuenta con la Especialidad en Formación de Educadores de Adultos por la UPN; y con los siguientes diplomados: en Calidad Total en el Servicio Público, Análisis Politológico, y en Administración Municipal en la UNAM, entre otros.
Ha desempeñado diferentes cargos públicos a nivel Federal, Estatal y Municipal e impartido cursos de capacitación para funcionarios públicos, maestros, ejidatarios en el área de Administración Pública y Educación. Catedrática en la UNAM, UA de C, UVM, La Salle y en la UAAAN. Asesora y sinodal en exámenes profesionales en el nivel licenciatura, maestría y doctorado. Ha publicado varios artículos en el área de administración pública y educación en diferentes revistas especializadas, ha asistido a diferentes Congresos a nivel nacional e internacional como ponente en el área de Administración Pública y Educación, coautora en dos libros. Autora del libro Islas de Tierra firme.
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Susana Cepeda Islas
Cursó la Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública en la UNAM. Obtuvo el Grado de Maestra en Psicología Social de Grupos e Instituciones por la UAM-Xochimilco y el Doctorado en Planeación y Liderazgo Educativo en la Universidad Autónoma del Noreste. Cuenta con la Especialidad en Formación de Educadores de Adultos por la UPN; y con los siguientes diplomados: en Calidad Total en el Servicio Público, Análisis Politológico, y en Administración Municipal en la UNAM, entre otros. Ha desempeñado diferentes cargos públicos a nivel Federal, Estatal y Municipal e impartido cursos de capacitación para funcionarios públicos, maestros, ejidatarios en el área de Administración Pública y Educación. Catedrática en la UNAM, UA de C, UVM, La Salle y en la UAAAN. Asesora y sinodal en exámenes profesionales en el nivel licenciatura, maestría y doctorado. Ha publicado varios artículos en el área de administración pública y educación en diferentes revistas especializadas, ha asistido a diferentes Congresos a nivel nacional e internacional como ponente en el área de Administración Pública y Educación, coautora en dos libros. Autora del libro Islas de Tierra firme.