martes, febrero 3, 2026
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AVISO DE CURVA

La oposición va al purgatorio 

La imposición de la mayoría legislativa que lidera Morena para la creación de los «superdelegados”, anuncia y confirma el ingreso al purgatorio de los partidos de oposición en México.

Después de haber cumplido su función histórica al frente del gobierno y de representar a las mayorías electorales del país, las fuerzas políticas que hoy se convierten en oposición, entre ellas el PAN, PRI y PRD, se encuentran fraccionadas internamente, debilitadas electoralmente y, hasta donde se percibe, inhabilitadas para conformar un bloque que someta a controles constitucionales y políticos al próximo gobierno.

En la circunstancia política del Congreso de la Unión, nada impedirá a priori que se consolide e imponga una etapa progresista y transformadora en el país, así se encuentre coloreada por algunos excesos.

Aunque relativamente importante el tamaño de las fuerzas opositoras en ambas Cámaras (PAN, PRI, PRD, Verde y Movimiento Ciudadano alcanzan 37% de los escaños en la Cámara de Diputados y 44% en el Senado), el músculo de Morena las empequeñece: opaca a las creativas pero exiguas propuestas de Movimiento Ciudadano, a la tímida aunque legítima defensa de las reformas de la administración que concluye que impulsa el PRI, y a los débiles no obstante importantes sistemas de pesos y contrapesos que el PAN pretende promover a través de sus cuerpos legislativos.

Fue de tal magnitud el descontento social que se incubó bajo las administraciones del PRI y del PAN, que ahora como oposición, en su búsqueda de clemencia de los electores, ambos partidos tendrán que hacer mucho más que intentar desacreditar u oponerse a las transformaciones que impulse Morena. En este caso, el purgatorio está lleno de trampas, pruebas y laberintos que no serán fáciles de sortear.

Morena y López Obrador ya definieron una estrategia para asegurar las transformaciones: lo que no suceda en el Congreso, sucederá en las plazas públicas por medio de consultas y movilizaciones. Los operadores de Morena construyen en forma acelerada redes y coaliciones de base social para asegurar no sólo el apoyo a las iniciativas que surjan de Palacio Nacional, sino para garantizar la gobernabilidad frente a eventualidades políticas o económicas que se presenten.

A diferencia del PRI y del PAN que estilaron gobernar con sus mayorías parlamentarias, pactos legislativos y decretos presidenciales, Morena ensaya consultas ciudadanas que tarde o temprano perfeccionarán el arte de la movilización e integración de preferencias ciudadanas en torno a las reformas verdaderamente importantes y controvertidas que se avecinan en el país.

López Obrador prometió crecimiento económico, empleo, fin de la corrupción, pacificación del país, combate a la pobreza, oportunidades para los jóvenes, austeridad; todo, si apela a la congruencia, apoyándose en instrumentos y acciones identificadas con un gobierno de izquierda.

La oposición, salvo el PRD, se ubica más bien hacia el centro y la derecha del espectro ideológico del país, por lo que parecería legítima la incursión de un bloque antagonista no sólo para contrarrestar o cuestionar las reformas progresistas que impulsará Morena, sino para promover una agenda legislativa alternativa al proceso transformista.

Sin embargo, la arremetida electoral del pasado 1 de julio dejó sin cimientos políticos sólidos a la oposición en México. A fuerza de los votos, López Obrador y Morena se han apoderado de la tribuna y del estrado, y en poco, lo harán de la plaza pública y de los territorios electorales que tímidamente aún resguarda la oposición.

A la oposición, antes mayoría legislativa y gobierno, hoy escuálidos y desgastados organismos que se debaten en medio de sus propias crisis internas, se le presenta el desafío de reinventarse para estar en la primera línea de resistencia a los ajustes propuestos por el Ejecutivo Federal, enfrentando a la vez las movilizaciones y consultas públicas. Deberá combinar la utilización audaz de su base electoral con las señales de polarización social para impulsar la unidad de acción de las minorías opositoras, y con ello construir una delimitación política al avance y consolidación de Morena.

 

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