domingo, octubre 18, 2026
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LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL NO PAGA EL RECIBO DEL AGUA

Un domingo, después de caminar bajo el sol, encuentras un árbol frondoso. Te acercas y descansas. Pero, justo cuando empiezas a disfrutar la sombra, alguien aparece con una terminal bancaria y te dice: “¿Débito o crédito?”.

Parece un chiste. Sin embargo, la historia demuestra lo plausible de esta situación. Por ejemplo, en el siglo I, el emperador romano Vespasiano impuso un tributo relacionado con la recolección de orina de los urinarios públicos. Cuando su hijo Tito cuestionó aquel impuesto por lo repúgnate de los líquidos orinales, Vespasiano le acercó dinero y pronunció la célebre frase pecunia non olet (el dinero no huele). Con el tiempo, pagar por utilizar un baño público también se volvió algo normal en muchas ciudades. Hoy nadie se sorprende por pagar.

Pero una cosa es cobrar por un servicio y otra muy distinta es aprovechar un recurso común sin asumir todas las consecuencias de su explotación. Pensemos en lo siguiente: durante mucho tiempo, los mares parecieron inagotables. Después llegaron las grandes flotas pesqueras, capaces de capturar en unas horas lo que antes requería días de trabajo. Los bosques también parecían infinitos, hasta que la tala indiscriminada mostró que un recurso puede desaparecer más rápido de lo que tarda en regenerarse.

Los economistas llaman a este fenómeno la tragedia de los comunes. Lo explico de esta manera: cuando muchas personas o empresas buscan obtener el máximo beneficio de un recurso compartido, pueden terminar agotándolo, especialmente si nadie establece reglas eficaces para cuidarlo.

No es necesario que alguien tenga malas intenciones. Basta con que cada quien haga sus cuentas sin incluir el costo que su actividad impone a los demás.

Y aquí entra la IA como una de las grandes protagonistas de nuestro tiempo.

Es una herramienta extraordinaria. Sería absurdo negar sus ventajas. Pero en el mundo se están instalando unos corporativos que se suelen identificar como Mega Data Center de Inteligencia Artificial (MDC). A diferencia de los centros de datos tradicionales (que guardan correos, páginas web o archivos en la nube), los MDC están diseñados para el «entrenamiento» y procesamiento de modelos complejos (como ChatGPT o Gemini).

En Querétaro, uno de los principales polos de esta industria en México, el asunto comienza a llamar la atención. En septiembre de 2026, el secretario estatal de Desarrollo Sustentable de Querétaro explicó que un centro de datos mediano, de 25 megawatts, puede consumir tanta agua como un hotel de 300 habitaciones, según la comparación presentada ante el Congreso local.

Para dimensionar la magnitud del desafío, otra estimación difundida en febrero de 2026 situó en cerca de 9 mil millones de litros anuales el consumo de agua de los centros de datos de Querétaro. Esta cantidad equivale aproximadamente a 3,600 albercas olímpicas o, utilizando una dotación de referencia de 380 litros por habitante al día, al abastecimiento anual de una población de alrededor de 65 mil personas.

La cifra debe interpretarse con cautela, pues no constituye una medición oficial consolidada. Y la respuesta merece más que una estimación lanzada al aire. Precisamente, por eso se anunció recientemente que, a partir de 2027, se buscaría hacer obligatorio y público el reporte del consumo de agua de estas instalaciones.

En este tema, mención especial merecen los legisladores federales. Ojo. La ley federal actual trata el agua de la IA con las mismas reglas de una fábrica del siglo pasado. La fracción LVIII de la Ley de Aguas Nacionales define el «uso industrial» exclusivamente para empresas que transforman materia prima física, dejando al enfriamiento como un simple servicio secundario (como el agua de los baños). Sin embargo, un mega centro de datos de IA no fabrica objetos físicos; procesa datos en la nube y su enfriamiento masivo no es un accesorio, sino su proceso central, prioritario y crítico, capaz de evaporar millones de litros de agua al día.

Al no encajar en la definición de fábrica tradicional, estas empresas operan en una laguna jurídica como «sector servicios», lo que las exime de las estrictas obligaciones ecológicas y de reporte que sí cumplen otras industrias. Meter en la misma bolsa legal el aire acondicionado de una planta común y los mega sistemas de refrigeración de la IA amarra de manos a las autoridades. Es urgente crear una categoría específica para la Infraestructura Digital Avanzada.

Porque, al final, la inteligencia artificial puede ayudarnos a resolver problemas extraordinarios. Lo que todavía no puede hacer es sustituir el agua que necesita una comunidad para vivir.