jueves, julio 2, 2026
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EN EL TINTERO

POR LA OTRA CARA DE LA EUFORIA

La euforia por el fútbol nos ha regalado una imagen hermosa de los mexicanos unidos y llenos de esperanza ante el gran esfuerzo de la Selección Mexicana, que ha brindado un excelente desempeño en la cancha. Sin embargo, en algunas entidades esa euforia se ha desbordado y ha rebasado las capacidades de las autoridades.

En algunas ciudades, sobre todo en las sedes de nuestro país, la euforia ha terminado por rebasar la prudencia. Los hechos registrados en la Ciudad de México, donde se reportaron cuatro personas fallecidas durante los festejos derivado de la alta concentración en el Ángel de la Independencia, así como lo ocurrido en el Fan Fest de Monterrey, son un recordatorio de que una celebración puede convertirse en una situación de riesgo cuando se pierde el sentido común.

En Monterrey, cientos de aficionados que permanecían fuera del recinto intentaron ingresar por la fuerza; algunos empujaron los portones y otros treparon las rejas perimetrales para acceder al evento. Ante el intento de ingreso masivo, elementos de seguridad utilizaron gas pimienta y agentes irritantes para dispersar a quienes trataban de romper los cercos.

Entre los episodios más comentados está el de un conductor cuyo vehículo fue rodeado y sacudido por un grupo de personas en Guadalajara. La reacción del automovilista derivó en un atropellamiento múltiple y, posteriormente, en un linchamiento que días después también le costó la vida. Sin justificar en absoluto ninguna de las conductas que desencadenaron esta tragedia, vale la pena hacerse una pregunta incómoda: ¿en qué momento normalizamos acercarnos a un automóvil, golpearlo o agitarlo sin conocer quién está al volante, cuál es su estado emocional o cómo puede reaccionar?

Lo mismo ocurre con quienes lanzan espuma o bebidas a personas que ni siquiera conocen, o convierten a los aficionados extranjeros en blanco de agresiones disfrazadas de bromas. Que algo se haya vuelto costumbre no significa que sea aceptable. La diversión nunca puede construirse sobre la incomodidad, el miedo o la humillación de otra persona.

Con frecuencia exigimos a las autoridades que prevengan estos hechos, y con razón. Les corresponde planear operativos, contener riesgos y garantizar la seguridad. Sin embargo, ninguna corporación policiaca puede sustituir la conciencia social. No existe operativo capaz de impedir que una persona decida actuar con responsabilidad o, por el contrario, cruzar la línea del respeto.

Este domingo, sin duda, volverá la euforia por el partido de México contra Inglaterra en los octavos de final. Ojalá que, además de apoyar con pasión a nuestra Selección, recordemos que el fútbol debe unirnos, no dividirnos ni convertirse en motivo de violencia o imprudencia. Cualquiera que sea el resultado, positivo o negativo, nunca debe ser motivo para este tipo de actitudes. Celebremos con alegría, pero también con respeto, porque ninguna victoria merece una tragedia y ninguna derrota justifica perder la civilidad.