
Dra. Blanca Estela Montano Pérez
Ansiedad, depresión y desesperanza en jóvenes universitarios
La salud mental se ha convertido en uno de los principales desafíos para las instituciones educativas. Aunque muchos jóvenes logran desenvolverse con normalidad en sus actividades académicas y sociales, en ocasiones enfrentan situaciones emocionales que pasan desapercibidas para quienes los rodean. Comprender esta realidad resulta fundamental para promover acciones de prevención, acompañamiento y atención oportuna.
El interés por este tema surgió a partir de la pérdida de dos alumnas universitarias que, en momentos diferentes, fallecieron por suicidio. Estos acontecimientos impactaron a la comunidad universitaria porque eran jóvenes que, aparentemente, mantenían una vida académica y social habitual. No fue posible identificar señales evidentes sobre sus emociones, conflictos o problemas personales. Estas pérdidas impulsaron la necesidad de reflexionar e investigar los síntomas psicológicos que experimentan los jóvenes universitarios.
La magnitud del problema se refleja en las cifras internacionales. La OMS señala que uno de cada siete jóvenes entre 10 y 19 años presenta algún trastorno mental. Depresión, ansiedad y trastornos del comportamiento figuran entre las principales causas de enfermedad y discapacidad en adolescentes. Además, el suicidio constituye la tercera causa de muerte entre personas de 15 a 29 años. Por ello, dicha organización destaca la importancia de atender la salud mental desde etapas tempranas, pues las dificultades no tratadas pueden extenderse hasta la vida adulta.
En México, el panorama también resulta preocupante. Datos del INEGI muestran que el país ha registrado más de ocho mil suicidios anuales en los últimos años. Aunque las cifras no aumentan de manera lineal, sí muestran una tendencia general al alza: entre 2020 y 2023, los casos pasaron de 7,818 a casi 8,900, un incremento aproximado de 13.4%.
De acuerdo con el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, el trastorno depresivo mayor se caracteriza por presentar al menos cinco de los siguientes síntomas durante un periodo de dos semanas, acompañados de cambios significativos en el funcionamiento habitual de la persona:
- Tristeza persistente
- Sentimientos de vacío o desesperanza
- Pérdida de interés en actividades que antes resultaban placenteras
- Alteraciones del sueño y del apetito
- Cansancio constante
- Sentimientos excesivos de culpa
- Dificultades para concentrarse
- Pensamientos recurrentes relacionados con la muerte o el suicidio.
Para comprender mejor esta realidad en la población estudiantil universitaria, la Academia de Psicología de la Unidad Norte, durante el semestre enero-junio 2025, aplicó un cuestionario en el que se pidió a los estudiantes identificar cómo se habían sentido durante la última semana frente a una serie de situaciones y problemas cotidianos. La encuesta fue realizada en la Facultad de Contaduría y Administración y en la Facultad de Metalurgia, en Monclova, así como en la Escuela Superior de Ingeniería, en Nueva Rosita, Coahuila.
Los resultados mostraron indicios de síntomas relacionados con depresión y ansiedad, además de otras manifestaciones como hostilidad, fobias, obsesiones, compulsiones, somatización y sensibilidad interpersonal.
Estos datos ponen de manifiesto la necesidad de fortalecer los programas orientados al cuidado de la salud emocional de la población estudiantil, así como de promover acciones coordinadas entre las instituciones educativas y los distintos sectores de salud para favorecer el desarrollo de habilidades socioemocionales como resiliencia, adaptación al cambio, trabajo colaborativo y capacidad para enfrentar contextos cada vez más complejos y demandantes.
Los estudiantes expresan lo que viven de distintas formas, muchas veces a través de conductas que reflejan intentos por mantener su equilibrio emocional. Por ello, uno de los retos más importantes para los actores educativos consiste en aprender a identificar estas señales y ofrecer espacios de escucha, apoyo y acompañamiento. Cuando es necesario y la persona lo acepta, también resulta fundamental orientar y canalizar hacia especialistas en salud mental que puedan brindar atención profesional.
Fortalecer el desarrollo personal, promover el autoconocimiento, la toma de decisiones, la resolución de problemas y las habilidades socioemocionales puede contribuir a construir comunidades universitarias más saludables. Aunque alcanzar este objetivo requiere esfuerzos colectivos, cada acción realizada desde el ámbito personal, familiar, educativo o institucional tiene el potencial de impactar positivamente en la vida de otras personas. Y, en última instancia, eso también es una forma de trascender.
Dra. Blanca Estela Montano Pérez
Facultad de Contaduría y Administración, Unidad Norte
blancamontanoperez@uadec.edu.mx




