domingo, mayo 24, 2026
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CÁPSULAS SARAPERAS

EL REGLAMENTO DE LA CÁRCEL DE MUJERES

En esta ocasión te platico del reglamento que tenían que seguir al pie de la letra las reclusas, sí las mujeres que estaban en la cárcel.

En el año de 1900, casualmente el mismo año en que ocurrió el feminicidio de Rosita Alvirez, aquí en nuestra hermosa ciudad de Saltillo se construyó una cárcel para las mujeres, la cual estaba ubicada sobre la calle De Bravo, y ándale con lo de los corridos pues esa misma calle es la que dice el corrido de Agustín Jaime que bajaba a caballo, por cierto déjeme decirle estimada y estimado Saltillense que antes de 1873 la calle de Bravo, que lleva ese nombre en honor al héroe de la independencia, Nicolás Bravo; llevaba el nombre de la Calle de El Cerrito, seguramente por el cerrito que sigue estando ahí pero que hoy en día con la urbanización sólo podemos ver la bajada y la subida. Pero volvamos a la historia del primer reglamento para la primera cárcel de mujeres en Saltillo.

El nombre correcto de esas instalaciones era “Cárcel de Reclusión para Mujeres”. En aquellos años esa penitenciaría dependía del ayuntamiento, vamos del presidente municipal, y para el año de 1917 Don Abel Barragán Garza, quien fungía como alcalde de nuestra hermosa ciudad emitió un reglamento para el buen comportamiento de las mujeres que estaban pagando una sanción dentro de la cárcel.

Según información que encontré en nuestro archivo municipal, en un documento, el cual no está firmado por autor alguno, por ello no lo

menciono, descubrí que este reglamento tenía por lo menos dieciséis artículos o incisos, de los cuales hare mención de las más llamativos.

Las reclusas todos los días debían de levantarse a la hora señalada y tomar su aseo, el cual por cierto no podía durar más de 15 minutos. A las 7 de la tarde, todas las mujeres internadas en la cárcel deberían de ya estar encerradas en el dormitorio. La presencia varonil era algo muy controlado, pues estaba estrictamente prohibido que los varones visitaran a las reclusas salvo los jueves y sábados, contando esos días con dos horas por la mañana y otros 120 minutos por la tarde.

Por cierto, déjeme decirle que según el documento que encontré las penadas podían salir de la cárcel, pues se señala que las reclusas podían salir de la cárcel con una orden expresa la cual debería de ser manera escrita.

Eso sí el tema de la alimentación se lo tomaban muy en serio pues el mismo reglamento señala que debería de existir una estricta vigilancia sobre los alimentos, los cuales deberían de ser de buena calidad y fácil nutrición.

Pareciera que la mayor insubordinación de las mujeres que pagan una pena en la Cárcel de Reclusión para Mujeres eran las palabras malsonantes, las cuales estaban estrictamente prohibidas, pero no para las detenidas sino por parte de la autoridad, es decir por parte de la inspectora, esto con el fin de evitar insubordinaciones de las huéspedes de ese hotel el cual seguramente no tenía vista a la playa.

De las sanciones, castigos y control la rectora tenía la facultad de imponerlas, siendo las más dura el aislamiento en un cuarto oscuro hasta por 72 horas.

Nuestra sociedad cambia, nuestra hermosa ciudad ha cambiado, las reglas y las leyes cambian, incluso las instalaciones cambian pues hoy en el Centro Penitenciario Femenil de Saltillo, las reclusas además de cumplir un reglamento más estricto laboran, confeccionando vestidos de noche, chalecos, chamarras, tortillas de harina y hasta uniformes ejecutivos. Por cierto, déjeme decirle que los vestidos de noche esos mismos que elaboran las reclusas, son vendidas hasta en tiendas departamentales de lujo como lo es “Palacio de Hierro”.

Esta es una historia más que no podemos dejar en el olvido, ya que sucedió aquí en nuestra hermosa ciudad de Saltillo.

 

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Es Saltillense*, papá de tres princesas mágicas, Rebeca, Malake y Mariajose. Egresado de nuestra máxima casa de estudios, la Universidad Autónoma de Coahuila, en donde es catedrático, es Master en Gestión de la Comunicación Política y Electoral por la Universidad Autónoma de Barcelona, el Claustro Doctoral Iberoamericano le otorgó el Doctorado Honoris Causa. Es también maestro en Administración con Especialidad en Finanzas por el Tec Milenio y actualmente cursa el Master en FinTech en la OBS y la Universidad de Barcelona. Desde el 2012, a difundido la historia, acontecimientos, anécdotas, lugares y personajes de la hermosa ciudad de Saltillo, por medio de las Cápsulas Saraperas. *El autor afirma que Saltillense es el único gentilicio que debe de escribirse con mayúscula.