
Durante los mejores años del priismo, el aniversario del Día del Trabajo se caracterizaba por los imponentes desfiles de las centrales obreras. En el balcón de Palacio Nacional, los líderes obreros acompañaban al mandatario, heredero por seis años de la legitimidad de la revolución. En las entidades federativas se replicaba el protocolo y, en algunas de ellas, de vez en cuando, un obrero fungía como gobernador.
El reclamo obrero se incrustó en la revolución por la fuerza de la razón. El movimiento armado, es cierto, se alimentó en mayor medida de un México rural. Pero las condiciones laborales de peones, mineros y obreros también se sumaron a la inconformidad, y prueba de ello es el artículo 123 de la Constitución General de la República.
En esos días hubo una influencia poco reconocida: la que arribó con los vientos de la Encíclica Rerum Novarum. Con el papa León XIII, la Iglesia católica asumió una postura de vanguardia frente a las tensiones del capital y los obreros. El documento también marcó la ruta de la doctrina social de la Iglesia y un deslinde con las ideologías totalitarias. En el centro del pensamiento eclesial: la justicia y la dignidad de las personas.
Las corporaciones obreras de la primera mitad del siglo XX interactuaron con los gobiernos del régimen naciente. Es evidente la relación del poder con personajes como Luis Morones, Fidel Velázquez y Vicente Lombardo Toledano. También son parte de la historia los desencuentros con propuestas alternativas e independientes. Mineros, maestros, médicos y ferrocarrileros entraron en conflicto con la familia revolucionaria, y de sus luchas surgieron, entre otros, Othón Salazar, Demetrio Vallejo y Valentín Campa, dirigentes con gran prestigio democrático.
En los días del neoliberalismo se inició el proceso para desmantelar la conmemoración del Día del Trabajo. Los gobiernos de la revolución se legitimaron con las grandes conquistas obreras, entre ellas el IMSS, ISSSTE, INFONAVIT y la legislación laboral. Con Morena continúa lo iniciado por sus odiados enemigos; sin embargo, se busca posicionar el aumento al salario mínimo.
El gobierno y los grandes sindicatos lograron que la conmemoración pasara sin pena ni gloria. No obstante, hay mucho que reclamar, por ejemplo: 1. Las instituciones de salud están deshechas, 2. La mayor parte de los trabajadores están en la informalidad, 3. La inflación tiene en crisis la economía de las familias, 4. La presidenta del Senado no hace la declaratoria de constitucionalidad de las reformas al artículo 123 y, con ello, impide el aumento de sueldo a miles de trabajadores, 5. El incumplimiento al magisterio federal de echar atrás la reforma neoliberal de pensiones y 6. La vacilada que le dieron a la clase trabajadora con la famosa semana de 40 horas.
Me queda claro: si Campa viviera, con Morena no estuviera, y menos don Fidel.




