
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, una vez que fue armado caballero andante según la usanza vigente en su época, partió en busca de los augustos ideales de libertad y de justicia, dedicándose desde entonces a deshacer agravios, enderezar entuertos, enmendar sinrazones y castigar abusos.
Nuestro personaje inmortal, según sabemos por su creador, don Miguel de Cervantes Saavedra, sin esperar que requirieran de sus servicios, ni de dávidas, ni súplicas, acudió siempre a deshacer agravios, como el caso aquel del humilde pastorcillo a quien azotaba un maduro labrador, y después de escuchar las razones de ambos, formó su juicio, reconociendo la injusticia del labrador dictando su fallo a favor del pastorcillo.
Debemos acaso de considerar en forma por demás seria, la posibilidad de desempolvar los viejos libros de caballería que el hidalgo manchego leyó con tanta afición y gusto, de los que obtuvo su profunda vocación caballerezca, para que cada uno de nosotros en nuestro campo de acción y en la medida de nuestras posibilidades defendamos los ideales de justicia y libertad por los que combatió don Quijote.
La lucha por la conservación de los principios de justicia y libertad nos compete a todos los ciudadanos, ésta no es exclusiva de unos cuantos, con valor civil manifiesto, ejercitando enérgica pero respetuosamente nuestros derechos, orientando y asesorando al desvalido y a las víctimas de la injusticia, nos convertiremos en modernos aprendices de don Quijote.




