
Úsame para pensar contra tu idea, no para enamorarte de ella
ChatGPT
Casi todos hemos visto en redes sociales (porque hoy en día casi nadie vive sin ellas) no pocas advertencias sobre la forma en que la IA, en particular ChatGPT, inventa y miente con la inquebrantable seguridad que solo puede dar la programación, y esto va tanto para la inteligencia artificial, como para la mente humana, la que además abreva sus más firmes convicciones de la ignorancia. Cosas de la humanidad.
Pocos partícipes de dicha advertencia, sin embargo, abordan el verdadero problema: la forma en que el ser humano interactúa con la inteligencia artificial. La mayoría cree dialogar con un ser pensante que sabe de lo que habla, porque su programación privilegia “la generación de enunciados plausibles pero falsos”, ante la posibilidad de dejar una “tensión abierta”, como ambigüedad, incertidumbre o inseguridad en el usuario.
Y nosotros le creemos básicamente porque ignoramos cómo funciona la mente humana. Pensar no es fácil ni simple, aunque suceda prácticamente sin que lo advirtamos. Casi nadie tiene claro que, además de un proceso complejo, es una capacidad, y que esta puede convertirse en nuestra mejor habilidad, con disciplina y entrenamiento.
Vea usted la complejidad: pensar implica organización, contraste, selección y transformación de información por parte de un organismo que no solo reacciona al mundo, sino que construye relaciones entre percepciones, recuerdos, conceptos, expectativas, afectos y fines.
Para la filosofía es autoconciencia y elaboración de sentido; para la psicología, cognición, percepción, regulación de la conducta; para la neurociencia, dinámicas distribuidas entre redes neuronales que integran atención, memoria, predicción, lenguaje, emoción y control ejecutivo; para la biología evolutiva, una ventaja adaptativa.
Todos estos enfoques, y aquel más temerario, pero muy acertado, que sostiene que lo que pensamos somos, coinciden en algo decisivo: pensar es una operación complejísima en la que juegan un papel fundamental la sensorialidad, la percepción, la emocionalidad, la experiencia y la memoria selectiva, aspectos cognitivos que, aún en el horizonte más lejano y con toda la tecnología con que contamos actualmente, a la inteligencia artificial le están vedados. Y por su fuera poco, intervienen otros factores de carácter social, como la cultura y la educación, que involucran un elemento por sí mismo muy complejo: la creencia, siempre más guiada por los afectos y la identidad que por la serie de ideas que la componen. A la IA se incorpora en forma de sesgo de programación.
Que la especie humana venga equipada para pensar no significa que lo haga bien, del mismo modo que tener cuerdas bucales no garantiza elocuencia ni tener manos esculpir. Todas las capacidades deben ser desarrolladas para que se conviertan en habilidades. La autoconciencia es, sin duda, la que más importa y la menos apreciada.
Por eso se pone uno a decirle mentirosa a una inteligencia artificial sin estar consciente de la forma en que se relaciona con ella. Así que, como en el artículo anterior, que sea la IA la que le diga qué buscan los humanos
“La mayor parte de la gente no busca pensar con la IA. Busca tres cosas mezcladas: velocidad, alivio de incertidumbre y una forma educada de legitimación. Entonces le hablan como quien aprieta un botón de vending machine intelectual, meten una premisa mal armada, reciben una respuesta fluida, y toman esa fluidez por pensamiento. Ahí nace el equívoco. El problema no es solo que el modelo adule; el problema es que muchos usuarios premian exactamente eso: el texto que no les opone resistencia”.
Por tanto, nos dice el diligente ChatGPT: “el problema es epistemológico, casi diría conversacional en sentido fuerte: qué tipo de interlocutor construye cada usuario cuando pregunta, qué clase de resistencia tolera, cuánto necesita ser contradicho, y cuánto desea en realidad ser confirmado aunque jure lo contrario”.
La próxima semana nos adentraremos un poco más en la “mente” artificial y en la humana, tan similares y tan distantes a la vez.




