viernes, marzo 27, 2026
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Tradiciones ‘santas’, ¿cuántas sobreviven?

Foto: Agencia Reforma

Monterrey, NL.- Un vistazo a las costumbres vivas y otras casi desaparecidas que dan sentido a la Semana Mayor, que inicia este Domingo de Ramos.

LA PALMA BENDITA

Tras la misa del Domingo de Ramos, aún se pueden adquirir las palmas o ramos, algunos decorados con manzanilla y con una estampita de algún santo o de la Virgen.

La costumbre que parece desaparecer es la de colocar la palma -a veces tejida- sobre el dintel de la puerta principal o muy cerca de ella como protección para el hogar.

En las tiendas y otros negocios, era común que el ramo tuviera la estampa de San Martín Caballero, patrono de los comerciantes y los necesitados, y símbolo de generosidad y petición de abundancia.

COMIDA DE VIGILIA

Durante la Cuaresma se evita la carne roja.

Entonces predominaban de forma más generalizada en las mesas los nopalitos, las tortitas de papa o atún, las sardinas enlatadas, las lentejas, los guisos con camarón seco y como postre, la capirotada, entre otros platillos.

Ingredientes como los orejones de calabaza o los chicales aún se consiguen, aunque la complejidad de su preparación contribuyó a que su presencia disminuyera en las cocinas.

EL PAN DE LA ÚLTIMA CENA

En Jueves Santo, los templos reparten un pequeño pan blanco bendito que no es para consumir.

La tradición es guardarlo todo el año en la despensa con la creencia de que así no faltará alimento en casa.

LOS SIETE TEMPLOS

También en Jueves Santo la costumbre, que se mantiene muy viva, es la de realizar el recorrido por siete iglesias.

Simboliza el acompañamiento a Jesús durante las estaciones dolorosas, desde la Última Cena hasta su crucifixión y muerte.

Se hace a pie, generalmente por la tarde y en el Centro de Monterrey, donde la cercanía de los templos facilita el trayecto.

La tradición marca orar ante el Santísimo Sacramento, que se expone en cada iglesia.

En el pasado, la caminata por los Siete Templos se realizaba por la noche y solía concluir al amanecer.

EL SILENCIO Y EL LUTO

El Viernes Santo se vivía con recogimiento.

Las mujeres vestían de negro “en señal de pésame a la Virgen” y en los hogares se apagaban radio y televisión, y se cubrían espejos.

También se evitaba clavar o usar martillos por su asociación con la crucifixión.

EL SÁBADO SANTO

Se creía que la Gloria se cerraba a las 15:00 horas del viernes y se reabría hasta la medianoche del sábado.

En ese lapso, los funerales debían aplazarse.

Se decía que “los diablos andaban sueltos”, lo que dio pie a prácticas como las quemas simbólicas de monigotes que representan al diablo o a personajes no gratos.

Esta tradición sobrevive en sectores de la Ciudad, como la Colonia Obrerista.

CIRIO Y AGUA BENDITA

En la Vigilia de Resurrección se bendice el cirio y el agua.

El primero se encendía en agonías o tormentas.

El agua se conservaba en casa para bendiciones, emergencias o rituales domésticos contra «malos espíritus».

EL AGUA DEL SÁBADO DE GLORIA

De la renovación bautismal surgió la costumbre de mojar a familiares y vecinos bajo la idea de que el agua era bendita.

La práctica derivaba en “guerritas” que marcaban el cierre festivo hacia el Domingo de Resurrección.

(AGENCIA REFORMA)