lunes, marzo 16, 2026
Inicio OPINIÓN NAVAJA LIBRE

NAVAJA LIBRE

La presión de Trump y el incómodo giro de la estrategia mexicana

Uno de los relatos más repetidos por el oficialismo en México es que el país vive una nueva etapa de soberanía frente a Estados Unidos. Sin embargo, los hechos recientes en materia de seguridad cuentan una historia bastante distinta.

Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la presión sobre México para combatir a los cárteles ha aumentado de manera notable. El mandatario estadounidense ha señalado que los grupos criminales controlan amplias regiones del país, ha exigido la entrega de “narcopolíticos” y ha impulsado leyes como la HALT Fentanilo para endurecer el combate al tráfico de drogas sintéticas.

Ante esa presión, el gobierno mexicano ha respondido con una batería de acciones: extradiciones masivas de capos, detenciones de alto perfil, decomisos históricos de drogas y armas, y golpes significativos a estructuras criminales. Entre ellos destaca el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del CJNG.

Los resultados han sido presentados como prueba de una estrategia eficaz. De hecho, durante el gobierno de Claudia Sheinbaum los homicidios dolosos han registrado una reducción importante, pasando de 86.9 asesinatos diarios a 50.9 entre 2024 y 2026. También se reportan más de 43 mil detenciones por delitos de alto impacto y el desmantelamiento de más de dos mil laboratorios de metanfetaminas.

Sin embargo, detrás de estos números aparece una pregunta incómoda: ¿qué cambió realmente en la política de seguridad?

Durante el sexenio anterior, el gobierno defendió la estrategia de “abrazos, no balazos”, basada en evitar confrontaciones directas con los cárteles. Hoy, en cambio, la política parece orientarse hacia golpes directos a las estructuras criminales y cooperación acelerada con agencias estadounidenses.

La diferencia no es menor. El aumento de extradiciones, el intercambio de inteligencia con Estados Unidos y la retórica más dura contra el narcotráfico marcan un giro claro respecto a la cautela que caracterizó la relación con Washington durante el gobierno de López Obrador.

Paradójicamente, este cambio no parece responder tanto a una decisión ideológica interna como a la presión externa. Las amenazas de Trump de actuar unilateralmente contra los cárteles han colocado a México ante la necesidad de demostrar resultados para evitar escenarios de mayor confrontación diplomática.

En ese sentido, el verdadero factor que está redefiniendo la estrategia mexicana no es la voluntad del gobierno actual, sino la presión geopolítica proveniente del norte.

Esto también genera tensiones dentro del propio movimiento gobernante. Para los sectores más cercanos al obradorismo, la cooperación estrecha con Washington y el endurecimiento de la política de seguridad representan una ruptura con el espíritu original del proyecto político.

México se encuentra así en una situación paradójica: mientras el discurso oficial insiste en la continuidad, los hechos apuntan a un cambio profundo en la estrategia frente al crimen organizado.

Y ese cambio no nace de un debate interno, sino de la presión internacional que hoy obliga al país a enfrentar una realidad que durante años se quiso evitar.