
López Obrador, ese delincuente que tiene hijos y compinches también delincuentes cuyos crímenes no deben quedar impunes, hizo su riqueza y carrera política alardeando que para él eran “primero los pobres”.
Pero fue solo de dientes para afuera, porque su gobierno multiplicó la fortuna de los más ricos, como nunca en la historia de México.
Incrementó la desigualdad, destruyó las instituciones y dejó la situación económica de tal modo precaria, que más de la mitad de los mexicanos no puede pagar la canasta básica.
Y no lo digo yo sino La Jornada, diario consentido de su partido, que este 26 de febrero publicó una nota de Clara Zepeda basada en datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que precisan que el 32 punto 3 por ciento de la población, alrededor de 42 millones 300 mil personas, no puede adquirir la canasta básica.
Porcentaje que sube en Chiapas, Oaxaca y Guerrero, donde casi el 60 por ciento de los habitantes se levanta y acuesta con hambre.
En contraste, la fortuna de los ultrarricos se multiplicó como nunca gracias a AMLO, informó este 23 de febrero Oxfam de México en su documento Oligarquía o democracia.
Oxfam es una confederación internacional de organizaciones no gubernamentales que trabaja en más de 90 países, combatiendo la pobreza, la desigualdad y la injusticia, proporcionando ayuda humanitaria en desastres, presentando propuestas contra la acumulación extrema y ejecutando proyectos de desarrollo a largo plazo.
Su informe destaca que siendo el UNO por ciento de la población, los super ricos mexicanos reciben el 35 por ciento del ingreso total de la economía, poseen el 40 por ciento de la riqueza privada nacional y sus actividades producen el 23 por ciento de las emisiones contaminantes.
Y que 18 millones 800 mil mexicanos no tienen acceso a suficiente alimentación; 38 millones y medio, viven con carencias sociales o ingresos por debajo de la línea de bienestar y 21 millones de mujeres dedican al menos una jornada completa, a cuidados no remunerados.
Deja claro Oxfam, que las fortunas de los ultrarricos mexicanos influyen directamente en la política pública que los enriquece más.
Y pone como ejemplo a Carlos Slim, el hombre más rico de América Latina y el Caribe, que en 2020 se convirtió en el empresario favorito de López Obrador y su autollamado gobierno de la Cuarta Transformación (4T).
Y en ese sexenio aumentó su fortuna más de ocho veces, acumulando 107 mil 100 millones de dólares; el mayor monto de su historia, con un crecimiento diario de 23 millones 650 mil 891 dólares; 273 dólares por segundo.
Usando únicamente los intereses que les producen sus riquezas, Slim y otro multimillonario que es Germán Larrea podrían contratar durante un año a 21 millones de mexicanos que carecen de empleo formal pagándoles el salario mínimo, sintetiza Oxfam.
Advierte que el injusto modelo económico mexicano, beneficia a los más ricos a expensas de los más pobres y que la riqueza no solo se mide en dinero, también en tiempo libre.
Que es otro bien del que carece la mayoría y sobre todo las mujeres que trabajan el día entero por sus familias y como no perciben salario y no tienen acceso a la salud, no pueden siquiera aliviarse un dolor.
Todos sabemos que en los hospitales públicos dan citas para meses después y que no tienen suficiente personal, equipos, medicamentos oncológicos, analgésicos, insulina, gasas, guantes quirúrgicos, hilo de calidad para suturar, tijeras, paracetamol…
En fin, carecen del 85 por ciento de lo necesario para medio funcionar.
Y como muestras tenemos el Hospital Oncológico para la Mujer La Pastora, que echó a andar este lunes 9 la presidenta Claudia Sheinbaum entre aplausos y gratitudes, aunque no de servicio de radioterapia; tratamiento que requiere, el 80 por ciento de las pacientes con cáncer de mama.
O el Centro de Salud Santa Rosa en Oaxtepec, ahora Clínica del Bienestar del IMSS, a donde acudí por una pequeña herida en un dedo y que por falta de recursos no tiene teléfono y abre solamente de 8 de la mañana a 2 de la tarde.
El personal es eficiente y amable y fui bien atendida, pero sudaron para cortar con un bisturí el hilo con el que me suturaron porque no tienen tijeras y me solicitaron “ayudar” con gasas estériles y guantes quirúrgicos.
El director es cubano y otro doctor cubano que también labora ahí, no han tenido vacaciones ni días libres en los dos años que tienen trabajando, pese a estar sin sus familias que quedaron en Cuba como garantía de su regreso.
Y su salario equivale a centavos de los millones de dólares que Sheinbaum paga a la dictadura cubana, que los maneja como a esclavos generadores de divisas.




