
Dra. María Eugenia Molar
Los cambios de hábitos: la clave para transformar nuestro entorno
Seguramente has escuchado frases como: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”, atribuida a Mahatma Gandhi, o el proverbio chino que dice: “El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. El segundo mejor momento es ahora”. Estas ideas, aunque parecen simples, contienen una reflexión profunda, las grandes transformaciones comienzan con pequeñas acciones individuales.
Modificar nuestros hábitos cotidianos puede parecer un esfuerzo menor, pero en realidad tiene un impacto significativo tanto en nuestra calidad de vida como en el cuidado del medio ambiente. Temas como el uso del agua, la generación de residuos, el consumo de energía y la economía personal están directamente relacionados con nuestras decisiones diarias.
Un ejemplo claro es el consumo de agua. En diversas regiones del país, como el estado de Coahuila, el acceso al agua potable puede ser limitado. En municipios como Ramos Arizpe, algunas colonias reciben el suministro solo ciertos días de la semana. Esta situación hace evidente la importancia de adoptar hábitos responsables. Acciones sencillas como reducir el tiempo de baño, evitar el desperdicio al lavar utensilios o reutilizar agua para actividades domésticas pueden contribuir a un mejor aprovechamiento del recurso. Además, estas prácticas ayudan a garantizar que el agua esté disponible para más usos.
Otro aspecto relevante es la generación de residuos. Actualmente, producimos basura de manera constante, muchas veces sin reflexionar sobre su impacto ambiental. Identificar qué tipo de residuos generamos es el primer paso para reducirlos. Por ejemplo, si en casa predominan los residuos orgánicos, es posible que se estén preparando más alimentos de los necesarios, lo que invita a planificar mejor las porciones. Por otro lado, si se detecta un alto consumo de productos envasados, como botellas de plástico, se puede optar por alternativas más sustentables, como el uso de recipientes reutilizables o el consumo de agua natural. Estas decisiones no solo disminuyen la cantidad de basura, sino que también pueden beneficiar la salud.
El consumo de energía es otro factor donde los hábitos juegan un papel fundamental. Revisar periódicamente el recibo de electricidad permite identificar temporadas de mayor consumo y analizar las causas. En ciudades con climas extremos, el uso de sistemas de calefacción o enfriamiento suele aumentar el gasto energético. Sin embargo, existen medidas sencillas que ayudan a reducirlo, como desconectar aparatos electrónicos que no estén en uso, evitar dejar cargadores conectados o aprovechar la luz natural durante el día. Estas acciones, además de disminuir el impacto ambiental, pueden representar un ahorro económico importante.
La economía personal también se relaciona con la formación de hábitos. Ahorrar pequeñas cantidades de dinero de manera constante puede generar beneficios a largo plazo. Por ejemplo, destinar una cantidad fija diaria o semanalmente a un fondo de ahorro permite desarrollar disciplina financiera y contar con recursos para imprevistos o proyectos personales. Aunque parezca un esfuerzo mínimo, la constancia convierte estas pequeñas acciones en resultados significativos.
En conclusión, adoptar hábitos positivos requiere compromiso y perseverancia. No siempre es sencillo cambiar rutinas establecidas, pero cada esfuerzo suma. Además, el ejemplo personal puede influir en otras personas, generando un efecto multiplicador dentro de la comunidad. Cuando las acciones responsables se vuelven colectivas, su impacto es mucho mayor. Cabe señalar que estas reflexiones se basan en conclusiones obtenidas a partir de proyectos desarrollados mediante procesos científicos.
Facultad de Arquitectura, Unidad Sureste, UAdeC
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