
Dos veces olímpica y subcampeona mundial, ha demostrado que la disciplina, la valentía y la perseverancia pueden llevar a una atleta mexicana a competir entre las mejores del mundo
Originaria de Saltillo, Coahuila, Gabriela Rodríguez Garza se ha consolidado como una de las figuras más destacadas del tiro deportivo mexicano en la modalidad de skeet. Dos veces olímpica tras su participación en Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y Juegos Olímpicos de París 2024, además de subcampeona mundial en 2025, su trayectoria es reflejo de constancia, disciplina y una profunda convicción de perseguir sus sueños.
Para Gabriela, el momento en que comprendió que el deporte marcaría su vida llegó precisamente en el escenario más grande del deporte mundial, cuando participó en sus primeros Juegos Olímpicos, ahí le cayó el veinte de que sí podía lograrlo, de que el deporte podía convertirse en algo realmente importante para ella, recuerda. Hasta entonces, admite, no estaba segura de ser capaz de llegar tan lejos ni de convertirse en atleta de alto rendimiento.
Gran parte de esa determinación provino de casa, pues su mayor inspiración ha sido su madre, una mujer que ha hecho del deporte una forma de vida, quien de joven fue ciclista profesional y, ya como mamá, se convirtió en triatleta. Hasta hoy sigue compitiendo a nivel internacional, lo que ha permitido en Gabriela, al ver siempre lo disciplinada, dedicada y comprometida que era su mamá con el deporte, fue algo que me inspiró profundamente.
El camino de Gabriela no ha estado exento de desafíos, ya que practica un deporte que, en México, es predominantemente masculino, lo que ha implicado abrirse paso en un entorno donde las mujeres aún buscan mayor reconocimiento. “Uno de los mayores retos ha sido ganarme el respeto en un ambiente donde la mayoría son hombres. Que te valoren por tu capacidad y tus resultados, no por cómo te ves físicamente. A veces se siente que tienes que demostrar más para que realmente reconozcan tu trabajo” comparte.
Como ocurre con muchos atletas de alto rendimiento, la duda y el miedo también han sido parte de su proceso, y lejos de negarlos, ha aprendido a convivir con ellos, puesto que el miedo y la duda nunca desaparecen por completo, pero aprendes a manejarlos, a competir y a vivir con ellos, menciona. En ese proceso, destaca el papel fundamental de su red de apoyo: su entrenador, su familia y su psicóloga deportiva, quienes la han acompañado en los momentos de mayor presión y crecimiento personal.
De cara a las nuevas generaciones, Gabriela tiene un mensaje claro para niñas y mujeres que sueñan con dedicarse al deporte: perseguir sus metas sin temor, si sueñan con algo, persíganlo a toda costa, existe la posibilidad de no lograrlo, pero vale completamente la pena correr ese riesgo, al intentarlo te conviertes en una mejor persona y aprendes muchísimo.
Para ella, el Día Internacional de la Mujer es una fecha profundamente significativa, al ser un día para conmemorar todo lo que han hecho las mujeres de otras generaciones por nosotras. También para reconocer los logros y avances que hemos tenido en la sociedad.
Su consejo final resume la filosofía que ha guiado su carrera: “No hay valentía si no hay miedo. Sean valientes y atrévanse a perseguir eso que tanto anhelan. El miedo puede frenarte o puedes cargarlo contigo y usarlo a tu favor”.
Y concluye con una invitación para todas las mujeres que alguna vez han puesto en pausa sus sueños: romper con las barreras internas y sociales. A quienes han dejado de hacer algo por miedo, por ideas limitantes o por expectativas sociales, les diría que rompan con eso, que persigan sus sueños, que sean quienes quieran ser y hagan lo que las apasiona. Si confían en sí mismas y trabajan por lo que quieren, eventualmente lo van a lograr.
La historia de Gabriela Rodríguez Garza es, en esencia, la historia de una mujer que aprendió a apuntar alto y a no soltar sus sueños.




