
El maestro de ceremonias que no dejó caer la carpa
En el gran circo de la diplomacia local, donde los reflectores suelen apuntar al aplauso inmediato y no al trabajo silencioso, hay personajes que no necesitan redoble de tambores para sostener la función. El próximo viernes 6 de marzo, el Comité Internacional de Ciudades Hermanas rendirá homenaje a uno de esos hombres que entendió que la verdadera política exterior municipal no se presume… se construye: Mario Ricardo Hernández del Bosque.
En la pista central, mientras otros buscaban reflector, él organizaba la logística. Mientras algunos ensayaban discursos, él abría puertas. Y mientras el público veía intercambios culturales como actos aislados, él los concebía como puentes permanentes entre Saltillo y el mundo.
Durante su presidencia en el Comité, no hubo fuegos artificiales innecesarios, pero sí resultados concretos. Impulsó el fortalecimiento de los lazos con ciudades hermanas en Estados Unidos y Asia, promovió intercambios académicos y culturales que beneficiaron a estudiantes y artistas locales, y gestionó visitas institucionales que pusieron a Saltillo en la conversación internacional. No es menor: en tiempos donde las relaciones exteriores municipales suelen ser protocolarias, él las convirtió en herramientas de desarrollo.
Bajo su batuta, la diplomacia dejó de ser fotografía y se convirtió en gestión. Se consolidaron mecanismos de cooperación en materia educativa y cultural; se promovieron encuentros empresariales que abrieron oportunidades para el sector productivo local; y se fortaleció la identidad de Saltillo como ciudad con vocación internacional, no como espectador, sino como protagonista.
En un contexto donde más del 70% de la inversión extranjera directa en México proviene de países con los que existen relaciones bilaterales activas a nivel subnacional, las ciudades hermanas no son un club social: son plataformas estratégicas. Mario Ricardo entendió eso antes de que fuera moda hablar de “diplomacia urbana”.
También defendió algo que no se mide en estadísticas, pero sí en legado: el sentido de pertenencia. Cada intercambio cultural, cada delegación recibida, cada joven enviado a representar a Saltillo en el extranjero, fue un mensaje claro: esta ciudad tiene talento, historia y capacidad para dialogar de tú a tú con cualquier parte del mundo.
En el circo político, abundan los trapecistas que se sueltan sin red y los malabaristas que prometen cinco pelotas cuando apenas sostienen dos. Pero también existen los maestros de ceremonia: quienes coordinan, ordenan y garantizan que la función continúe sin sobresaltos. Mario Ricardo Hernández del Bosque ha sido uno de ellos.
El homenaje que recibirá no es un acto de nostalgia; es un reconocimiento a una etapa de institucionalidad, de trabajo serio y de visión estratégica. En tiempos donde la política suele confundirse con espectáculo, conviene recordar que la diplomacia local exige constancia, discreción y resultados.
La carpa de Saltillo sigue en pie gracias a quienes, sin aspavientos, aseguraron sus cuerdas. Y cuando se escriba la historia de nuestras relaciones internacionales municipales, habrá que reconocer que hubo un presidente del Comité que no buscó protagonismo, sino trascendencia.
Porque en el verdadero circo del servicio público, el aplauso más valioso no es el que hace ruido… sino el que permanece y yo como vicepresidente se los aseguro.
“Esperemos a que se acabe el circo, para verle la cara a los payasos”
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