
Conocimiento o experiencia
¿Cómo podemos distinguir entre alguien que sabe mucho y alguien que es un experto? Durante mi trayecto en esta vida, he notado que existen dos maneras de aprender: una es a través del estudio y otra a través de la experiencia.
Podemos adquirir gran inteligencia a través de datos, de información, y poder tener una opinión muy precisa y clara respecto a un tema, mientras las fuentes de información sean fidedignas y apegadas a la verdad y la realidad.
Y, ¿qué pasa cuando la vida te empuja a aprender en el camino? ¿Cuando no tienes conocimiento y tienes que desarrollar todas tus habilidades, echar mano de todos tus recursos y resolver en el momento?
Bajo mi experiencia, en esas ocasiones no sólamente obtenemos aprendizajes en base a prueba y error, sino que son las que construyen los verdaderos aprendizajes de vida.
Cuando, para poder lograr algo, echas mano de los conocimientos que tienes, vas adquiriendo lo que se requiere en el camino, te esfuerzas, te equivocas, das un paso o dos adelante y luego retrocedes y, finalmente, llegas al lugar en donde quieres estar… o a otro, tal vez desconocido, pero igual o más grande y provechoso que el que esperabas.
La sabiduría de la experiencia es aquella en la cual no sólamente está implicado el nivel intelectual del ser, sino aquella en la que tu cuerpo, tus emociones, tus horas de sueño y de desvelo y la mayor parte de tu atención y energía se integran para lograr algo. Y puedes adquirirlas al aplicar un conocimiento ya existente, como al tener que sortear un reto o un momento de inflexión en tu vida.
Para entenderlo más claramente, te comparto un ejemplo: puedes tener todo el conocimiento intelectual acerca de la natación: los movimientos, la cadencia, los materiales necesarios para evitar la fricción, técnicas de respiración, etc. y convertirte en un erudito en la técnica. Pero, hasta que no te avientes al agua y comiences a nadar, vas a ser realmente un nadador con experiencia, es decir, un experto.
El conocimiento puede abrirnos muchas puertas, pero la sabiduría que se construye a través de la experiencia forma la personalidad y la identidad de éxito para lo que requerimos emprender.
Es, sólamente, a través de aquello que construimos con todo nuestro ser, que el conocimiento queda integrado en nosotros. Si no lo crees, trata de recordar de memoria aquellos capítulos del libro de química que memorizaste perfectamente en secundaria…pero, si alguna vez aprendiste a andar en bicicleta, o a manejar un vehículo de cambios, siempre recordarás cómo se hace.
Muchas veces, cuando estamos emprendiendo un nuevo objetivo, podemos encontrar a personas que nos ayuden, a través de su experiencia, a facilitarnos los procesos. Ya seanobjetivos personales, como bajar de peso o tener una sana relación, o laborales, como hablar en público, cerrar una venta, elaborar una pieza o administrar un negocio. Es un regalo maravilloso recibir retroalimentación de quienes son expertos en el tema, que ya saben cómo resolverlo. Éstas personas se distinguen por aportar soluciones, puntos de vista innovadores y llenar de seguridad y valor a quienes están emprendiendo, para facilitarles sus procesos y prevenirlos de riesgos futuros.
También, en ocasiones, recibimos retroalimentación de personas que jamás han hecho lo que estamos queriendo lograr, pero que tienen mucha información. Por lo general, ese tipo de retroalimentación tiende más a disparar la inseguridad, nos hacen sentir ignorantes o con alguna carencia. Y muy probablemente provenga de alguien que no está en donde quieres estar, y su proyección será a través de sus propios miedos o incompetencia.
En el emprendimiento requerimos aprender a diferenciar a quién le hacemos caso y a quien no. Y cuando las críticas son reales, provenientes de personas sabias, aunque sean incómodas, nos permiten tener humildad para experimentar en cabeza ajena.
En cambio, cuando la retroalimentación es sólamente basada en ideas, que pueden ser acertadas pero carecen de un marco de experiencia, requerimos aprender a discernir si es nuestro caso, o si la intención es la adecuada, para no desanimarnos ni tomar inseguridades que no nos corresponden.
Si me permites, me gustaría dejarte este consejo: No aceptes consejos de quienes no están en el lugar al que has llegado o en el lugar en el que deseas estar.
La mayoría de las veces, los mejores proyectos, las mejores ideas sucumben ante un entorno inadecuado. Un entorno que llena de inseguridad, de quejas o envidia. Aprendamos entonces a cambiar el entorno o a funcionar sanamente en el mismo, si es que no lo puedes o quieres cambiar, tomando lo que te sirve y dejando a un lado lo que no.
Y, finalmente, seamos conscientes de que, para lograr nuestros propósitos, requerimos creer en nosotros mismos y desarrollar una identidad que pueda estar a la altura de aquello que queremos lograr y, más allá, que pueda sostener ese logro en el tiempo.




