martes, febrero 17, 2026
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CIRCO POLÍTICO

El sarampión y el acto de negar lo innegable

Bajo la gran carpa nacional, mientras los reflectores apuntan a la pista central, hay un número que nadie quiere presentar, pero que ya no puede ocultarse: el regreso del sarampión.

En este circo de la política mexicana, el ilusionista mayor —el gobierno de la llamada Cuarta Transformación encabezado por Andrés Manuel López Obrador— prometió que acabaría con los abusos del pasado. Y en esa función, uno de los actos más aplaudidos fue la cruzada contra las compras “corruptas” de medicamentos y vacunas. El problema es que, en el afán de desmontar la vieja tramoya, se quedaron sin red de protección.

El sarampión, enfermedad que México tenía prácticamente bajo control gracias a décadas de esquemas de vacunación sostenidos, vuelve a aparecer como el payaso que nadie invitó, pero que ya está en la pista. No es ideología. Es epidemiología.

Durante años, el discurso oficial insistió en que el desabasto era culpa de gobiernos anteriores. Que si la mafia del poder, que si las farmacéuticas, que si los contratos leoninos. El público escuchó la narrativa una y otra vez. Pero en política sanitaria no bastan los discursos: se necesitan biológicos, cadenas de frío, logística y cobertura.

Negar la caída en las coberturas de vacunación es como el trapecista que finge que la cuerda no está floja. La realidad termina imponiéndose por gravedad. Las cifras de organismos internacionales y reportes de brotes no distinguen colores partidistas. El virus tampoco.

El problema no es solo técnico; es político. Porque cuando se debilita el sistema de vacunación, no se castiga al pasado: se vulnera el presente. Y el sarampión no pregunta si eres simpatizante o adversario. Infecta.

En la carpa de la 4T, el guion ha sido reiterativo: todo lo malo viene de antes. Pero después de más de un sexenio, la función ya no puede seguir culpando al acto anterior. El público comienza a exigir resultados, no excusas. La salud pública no admite propaganda como sustituto de estrategia.

México fue referente mundial en vacunación. Las Semanas Nacionales de Salud eran un desfile disciplinado, casi coreográfico. Hoy, en cambio, el número luce descoordinado. Cuando se centralizaron las compras y se rompieron contratos sin tener proveedores alternos sólidos, el espectáculo se volvió improvisación.

 

Y en el circo, improvisar sin red es peligroso.

No se trata de nostalgia por los gobiernos pasados ni de defensa automática de lo anterior. Se trata de responsabilidad. Si hubo corrupción, debía castigarse. Pero destruir el andamiaje sin tener listo el reemplazo fue un acto de alto riesgo. El costo no lo pagan los payasos del circo político; lo pagan los niños que se quedan sin vacuna.

Negar lo innegable es un acto clásico del mago político: distraer con humo mientras el problema crece detrás del telón. Pero el sarampión no desaparece con mañaneras ni con consignas. Se combate con ciencia, presupuesto y gestión eficiente.

El público ya no quiere más monólogos de la Sheinbaum sobre el pasado. Quiere soluciones en tiempo real. Porque cuando la salud entra en la pista, no hay margen para el espectáculo.

Y en este circo, si el domador o la presidenta pierde el control, la fiera no distingue aplausos de abucheos.

 

“Esperemos a que se acabe el circo, para verle la cara a los payasos”

 

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