Teresa nació en 1515, en Gotarrendura, provincia de Ávila, y murió a los 67 años. Se dice que era de familia conversa y que de niña le gustaba leer vidas de santos. Es doctora de la Iglesia y fundó el Carmelo descalzo. “O sufrir o morir”, así pensaba la santa que alguna vez se elevó más de un metro y que tuvo problemas con la jerarquía de la Iglesia. Eran los días de la reforma, la lucha contra el Islam y la conquista de los nuevos mundos. También eran los días de los chismosos e intrigantes, que nunca faltan.
Hans Jakob Árbenz Gröbli, un suizo que llegó a Quetzaltenango y se metió de farmacéutico para mantener a su familia, tuvo un hijo llamado Jacobo. El muchacho se metió a la milicia y se puso a hacer política. Llegó a la presidencia con una propuesta novedosa y bastante peligrosa en un país de caciques: convertir a Guatemala en autosuficiente, independiente y moderna. Para ello propuso eliminar monopolios y construir infraestructura hidroeléctrica y carretera. También propuso una reforma laboral y otra agraria. Quería dar un poco de tierra a los indios y evitar las jornadas extenuantes.
Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, el mismo de “la dictadura perfecta”, el Nobel y La fiesta del Chivo, escribió una novela sobre la caída del gobierno de Árbenz. La tituló Tiempos recios y en las primeras páginas advierte al lector que se inspiró en una frase de Santa Teresa para seleccionar el nombre del texto. El peruano describe el complot internacional para calificar al presidente como comunista y el uso de la prensa para generar en la opinión pública un clima de alarma ante la fantasía de una posible alianza del país centroamericano con la Unión Soviética.
La United Fruit, una platanera propiedad de un tipo inmisericorde llamado Sam Zemurray, contrató a Edward L. Bernays, quien presumía ser el “Padre de las Relaciones Públicas”, para engañar a la población americana. Era uno de esos pillos que hoy conocemos como mercadólogos o consultores. Esos que, a base de mentiras e intrigas, construyen narrativas perversas.
En la contraportada del libro, un párrafo ilustra: “Guatemala, 1954. El golpe militar perpetrado por Carlos Castillo Armas y auspiciado por Estados Unidos, a través de la CIA, derroca al gobierno de Jacobo Árbenz. Detrás de este acto violento se encuentra una mentira que pasó por verdad y que cambió el devenir de América Latina: la acusación por parte del gobierno de Eisenhower de que Árbenz alentaba la entrada del comunismo soviético en el continente”.
El golpe salvó de manera momentánea a la platanera y quitó del poder a Jacobo. Vencido, salió al exilio y vagó por el mundo, mientras su hija se perdía en las drogas. Él murió en México, cuando en su tina de baño cayó la radio que escuchaba.
Tiempos recios vivimos, y mercadólogos abundan. La historia no sobra, y menos Vargas Llosa.





