
Ciudad de México.- Más vale reflexionar sobre la salud auditiva si no puedes vivir sin música a todas horas o no perderte de un concierto.
¿Te imaginas despertar y no volver a oír el trinar de los pájaros dándole la bienvenida a los primeros nubarrones de la mañana; en otoño, el gentil sonido de la defoliación de los árboles y luego el crujir de la hojarasca sobre tus pies; o los berridos de un recién nacido?
Los sonidos antes descritos, que en su mayoría son agudos, son los primeros en desaparecer cuando se presentan los síntomas iniciales de la hipoacusia, una afección que implica la pérdida auditiva al verse comprometidas las células ciliadas, encargadas de recoger esas frecuencias en el oído interno.
La explicación la brinda Silvia Ortiz Rodríguez, audióloga en MED-EL y jefa del departamento de audiología y foniatría del Hospital Infantil de México “Federico Gómez”, ante los riesgos que podrían enfrentar jóvenes por el uso desmedido de audífonos a volumen elevado y por nulas medidas de protección auditiva en conciertos masivos.
De acuerdo con la Secretaría de Salud, entre ocho y 10 millones de personas en México padecen algún grado de pérdida auditiva, mientras que la OMS advierte que más de mil millones de adultos jóvenes pueden sufrir una disminución de audición evitable y permanente por prácticas de escucha poco seguras.
Varios organismos como la OMS, el Buró Internacional de Audiofonología (BIAP) y la Asociación Estadounidense del Habla, Lenguaje y Audición (ASHA) coinciden en que en una audición normal es posible escuchar el goteo de un grifo o el canto de los pájaros, ruidos cuya intensidad va de 0 a 20 decibelios (dB).
En una hipoacusia leve no se podrán percibir decibelios por debajo de los 40 a los 21, por ejemplo, los murmullos en una conversación; en una hipoacusia moderada no se oyen los ruidos debajo de los 70 a los 41 dB, aquí es difícil comprender una conversación normal u oír el sonido del teléfono durante una llamada.
En la hipoacusia severa las personas no captan sonidos por debajo de los 90 a 71 dB, esto significa que no serán capaces de percibir las conversaciones en un tono elevado o el estruendo del tráfico; y en el último grado está la hipoacusia profunda, donde los sonidos desde los 120 a 91 dB son imperceptibles, esto equivale a no escuchar el motor de los aviones o alarmas.
Ortiz expone que la disminución auditiva en adolescentes que están constantemente expuestos a sonidos intensos por uso de audífonos es lenta, pero gradual, en algunos casos, comenta, no son ellos quienes se dan cuenta, sino sus padres al notar que no prestan atención cuando les hablan o porque baja su rendimiento escolar por dificultades en el aprendizaje.

Mientras que los jóvenes que son asiduos a conciertos, donde los decibelios oscilan entre los 130 a 150, los oídos son propensos a un trauma acústico. Un indicativo de daño preocupante es percibir un zumbido (tinnitus) después de mucha exposición.
Carlos Alfonso Arevalo Silva, especialista en otorrinolaringología en el Tecnológico de Monterrey, detalla que el trauma acústico se clasifica en dos modalidades, una aguda, por ejemplo, una explosión o el ruido de una detonación de arma de fuego que lesione las células del oído interno, la otra es por exposición crónica.
Agrega que la hipoacusia es una de las discapacidades prevenibles más comunes, pero al no ser visible, incluso las autoridades de salud pública no le han dado el énfasis que requiere. Lo importante, remarca, es acudir tan pronto sea posible cuando existan indicios de daño.
“Se considera que para evitar daño auditivo debemos de estar en un ambiente con una intensidad menor a 85 dB por máximo 8 horas y por cada 5 dB más de ruido se recomienda reducir dos horas de exposición”, comparte Arevalo Silva.
Al abordar los tipos de audífonos, afirma que los de diseño intraural, con cancelación de ruido, perjudican más por invadir el canal auditivo, pues la potencia del volumen es mayor, el dispositivo está más cerca del tímpano, propicia infecciones en el canal externo del oído y empuja el cerumen (cerilla).
En conciertos y entornos ruidosos, el experto recomienda a sus pacientes dispositivos de filtración de sonido, como los Loop Earplugs, que disipan el ruido y a la vez se puede disfrutar de la música. Y en el día a día, sugiere limitar el volumen a menos de 85 dB en cualquier situación.
Si se sospecha de una merma en las capacidades de escucha, los profesionales recomiendan acudir con especialistas. Arevalo sugiere una revisión en consultorio con otoscopia u otomicroscopia y confirmar con estudio de audiometría o acufenometría.
Por su parte, Ortiz aconsejó un estudio audiológico integral que conlleva a una audiometría tonal, timpanometría e impedanciometría. Este tipo de análisis los realizan especialistas con conocimientos en audiología, otoneurología y foniatría. (El Heraldo de Saltillo)




