
Ciudad de México.- Este lunes circulará una vez más la noticia de que se trata del “día más triste del año”, y la respuesta de los especialistas en salud mental a ello es: No hay evidencia científica que respalde tal idea.
Y es que el llamado Blue Monday, que tiene lugar el tercer lunes de enero, en realidad fue ideado por una compañía de viajes británica en 2005, tal cual recuerda el psiquiatra David Mischoulon, director del Programa Clínico y de Investigación en Depresión del Hospital General de Massachusetts (MGH).
“Con la ayuda de un psicólogo crearon una fórmula que consideraba varios factores, como el tiempo, la cantidad de deuda que uno tiene relativa al sueldo, y si ha fracasado en sus resoluciones de Año Nuevo y otras cosas.
“Con eso calcularon el día más triste del año, que supuestamente caía el tercer lunes del año”, refrenda Mischoulon en entrevista remota.
“Pero esto no tenía ninguna prueba científica”, remarca el también académico de la Facultad de Medicina de Harvard. “Era simplemente una campaña de publicidad para alentar a la gente a viajar”.
El especialista de raíces argentinas reconoce, no obstante, que enero puede ser un mes emocionalmente difícil dadas ciertas situaciones que se suman a la brevedad de los días y a una menor exposición a la luz solar; “desde ese punto de vista, hay mucha gente que puede desarrollar depresión durante los meses del invierno”, afirma Mischoulon sobre este fenómeno estacional.
“Evidentemente, en enero hay factores psicológicos; por ejemplo, pasa la temporada de Navidad y Año Nuevo, la gente vuelve al trabajo, y si hicieron resoluciones y no las han logrado o les resultan difíciles, eso puede ser deprimente.
“Pero, por lo general, en la psiquiatría pensamos que hay factores biológicos relacionados al (estado del) tiempo, que es más oscuro y menos soleado. Y eso puede provocar cambios fisiológicos en la persona que pueden presentarse como depresión”, insiste el experto.
Enfermedad real, no una falla de carácter
La tristeza persistente que aqueja a las personas con depresión no se limita a una fecha en el calendario ni se puede reducir a una ecuación matemática.
El 5.7 por ciento de los adultos en el mundo, según se estima, sufre depresión, y entre las mujeres este padecimiento es, aproximadamente, 1.5 veces más frecuente que entre los hombres.
No es un asunto menor, pues la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce los trastornos de salud mental, entre ellos la depresión, como la segunda causa de discapacidad prolongada, además de aumentar el número de años de vida saludable perdidos y generar importantes gastos en atención clínica para los pacientes y sus familias.
“La depresión ha estado aumentando a través de los años, y eso se ha demostrado en estudios científicos”, apunta Mischoulon.
“Los estreses de la vida normal pueden ser mucho para muchas personas, especialmente en la era post-pandemia. (También) estamos en una situación de gran estrés económicamente, políticamente. Todo eso le pesa a uno”, continúa el psiquiatra del MGH, quien además relaciona el alza de casos con la mejora en los procesos diagnósticos.
Pese a lo cada vez más común de esta enfermedad que interfiere con las actividades diarias y con la capacidad para disfrutar de la vida, Mischoulon se muestra positivo dados los avances en materia de atención; “hay motivo de ser optimista porque, aunque haya más depresión, tenemos más maneras de tratarla”, subraya.
“Ahora tenemos más de 40 medicamentos antidepresivos que están aprobados en Estados Unidos y en otras partes del mundo”, destaca el psiquiatra, sin obviar las inquietudes en torno a si estos fármacos generan adicción.
“Pero no es así, las medicinas antidepresivas no son adictivas; si se toman como están recetadas, son muy seguras. Tienen algunos efectos secundarios, pero nada terriblemente grave, y no hay peligro de adicción”, reitera.
Aunado a esto, está también un estigma acaso más complejo, que es la creencia de que tomar un antidepresivo es admitir una falla personal, una incapacidad para manejarse por su cuenta.
“Nosotros comprendemos que la depresión es una enfermedad que tiene una base biológica igual que la alta presión o la diabetes; no es simplemente una falla de carácter. O sea que la persona con depresión no necesita sentirse avergonzada o pensar que ha fracasado personalmente.
“Es una enfermedad como cualquier otra que se puede tratar con medicamentos», enfatiza Mischoulon.
Acupuntura, psicodélicos y ¿electroshock?
Para la atención de los cuadros más severos de depresión, aquellos para los que el tratamiento farmacológico no tiene efecto alguno, los especialistas optan por alternativas más agresivas. Y una de las que Mischoulon refiere quizás tenga la mala fama de ser casi una tortura.
“Las películas y los medios le han dado una imagen negativa al electroshock, y, ciertamente en el pasado, en los años 50, 60, era un tratamiento mucho más brutal que ahora; podía causar problemas de memoria, por ejemplo. Pero hoy día es un tratamiento mucho más afinado que usa menos corriente y es mucho más tolerable para el paciente”, cuenta el psiquiatra.
“Lo usamos en muchos casos cuando la persona no ha respondido a medicinas. Es el tratamiento que tiene más éxito estadísticamente: entre 80 y 90 por ciento de los pacientes mejoran con el electroshock. Desgraciadamente, todavía persisten muchos estigmas sobre este tratamiento. Pero yo lo he recomendado a muchos pacientes míos, y han tenido éxito con él”.
¿Lo aplican en el Mass General?
Sí, tenemos un un excelente centro de tratamiento de electroshock, y tratan a muchísimos pacientes todos los años. Así que es un tratamiento accesible y puede representar una enorme diferencia para el paciente.
Acupunturista certificado, Mischoulon también ha participado en estudios clínicos para evaluar el potencial de esta práctica tradicional en la atención de pacientes con depresión. Los resultados fueron positivos, por lo que el especialista lo percibe como una opción libre de efectos secundarios e interacciones peligrosas.
“Es cuestión de encontrar a un acupunturista que tenga el conocimiento de cuáles son los puntos apropiados para tratar enfermedades emocionales”, señala.
Finalmente, respecto al uso de sustancias psicodélicas como tratamiento de diversas afecciones de salud mental, abordaje que suma nuevas evidencias a diario -con estudios realizándose incluso en el MGH-, Mischoulon opina que es un terreno prometedor que podría beneficiar a mucha gente. Pero hay varias consideraciones a tomar.
“Es importante comprender que estas sustancias, como la psilocibina, aunque tienen los estigmas de ser una droga ilegal, las dosis que usan en estos estudios son muy pequeñas comparadas con las que usa la gente que quiere alucinar. Y se hace bajo supervisión de médicos en un ambiente seguro, de modo que representa una situación segura para el paciente.
“Habiendo dicho eso, los estudios todavía son muy preliminares, y no estamos seguros de los beneficios y los riesgos del uso de estas medicinas en el contexto clínico. Así que tenemos mucho que aprender sobre estas medicinas”, previene el experto.
Y si bien le parece positivo que hoy día más gente esté interesada en recibir apoyo profesional para atender su salud mental, Mischoulon admite que puede haber malos manejos por parte de personas que carecen de la preparación necesaria.
“Hay que tener cuidado porque hay muchos practicantes que no tienen la credencialización apropiada o incluso algunos que tienen algunas teorías raras que no tienen base científica. Así que el que busca ayuda psiquiátrica tiene que tener cuidado a quién eligen”, concluye el psiquiatra del MGH.
¿Ese bajón será depresión?
Un episodio depresivo no es lo mismo que las variaciones habituales del estado de ánimo.
Entre las señales de alerta, están:
-Dificultad para concentrarse.
-Sentimiento de culpa excesiva o de baja autoestima.
-Falta de esperanza acerca del futuro.
-Pensamientos de muerte o suicidio.
-Alteraciones del sueño.
-Cambios en el apetito o en el peso.
-Fatiga o de falta de energía.
Además de buscar ayuda profesional, algunas acciones sugeridas son:
-Seguir realizando las actividades que le agradan.
-Evitar aislarse; mantener el contacto con familiares y amigos.
-Hacer ejercicio regularmente, así sea un pequeño paseo.
-Tener hábitos regulares de alimentación y sueño.
-Cuidar el consumo de alcohol y otras sustancias.
-Pedir ayuda a alguien inmediatamente si hay ideación suicida.
FUENTE: OMS/OPS
(AGENCIA REFORMA)




