
Guadalajara, Jalisco.- Un escape de película. Así fue calificada la primera fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera y, en este caso, la realidad se equiparaba a la ficción.
Este lunes se cumplen 25 años de que, oculto en un camión de lavandería, el narcotraficante sinaloense se convirtió en el primer reo en evadirse de un penal de máxima seguridad en México. Lo cierto es que la fuga no pudo concretarse sin ayuda interna.
Todo comenzó el 19 de enero del 2001, a 49 días del inicio de la Administración de Vicente Fox como presidente.
Habitantes de fincas cercanas al Centro Federal de Readaptación Social Número 2, en Puente Grande, relataron que hubo un apagón alrededor de las 4:00 horas.
Por la noche de ese día estaba programado el cambio de módulo de reos de alta peligrosidad, entre ellos “El Chapo” y Héctor “El Güero” Palma, ya que la Comisión Nacional de Derechos Humanos denunció que algunos internos gozaban de privilegios y que la disciplina “se había relajado”.
A las 21:15 horas, los custodios del penal reportaron que Guzmán Loera estaba presente en el pase de lista. Su escape se habría dado entre 45 minutos y una hora después.
Tras darse a conocer que “El Chapo” no estaba en su celda, el movimiento de internos fue cancelado.
“En el plan de fuga, se incluiría el bloqueo del sistema de video interno, la utilización de un carro de lavandería, donde se ocultó el reo para su probable salida final por la aduana del Cefereso”, explicó Jorge Tello Peón, entonces subsecretario general de Seguridad Pública.
“Se ha construido la posible ruta con base a evidencias encontradas y testimonios recogidos hasta el momento; se encontró el uniforme y los zapatos del interno, además de unos pants deportivos”.

Elementos del Ejército, la Policía Federal Preventiva, la Procuraduría General de la República (PGR) y la Interpol montaron un operativo de búsqueda, pero ya era demasiado tarde, el capo se había esfumado.
En las semanas siguientes, la PGR interrogó a decenas de personas para tratar de establecer quién había facilitado la fuga, entre ellas Leonardo Beltrán, quien era director del Cefereso.
“El sistema falló y se hizo fallar, es lo que nosotros percibimos por esta actitud de traición, hay una verdadera traición a la Secretaría de Seguridad y el servicio que nos merece el sistema penitenciario federal, en lo que podríamos llegar a llamar toda una conspiración delictiva en la estructura administrativa que superó la institucional”, agregó Tello Peón.
Al menos 71 empleados del centro penitenciario estuvieron bajo arraigo y 22 recibieron auto de formal prisión, entre ellos el director, así como subdirectores y comandantes. La mayoría, sin embargo, recibió condenas menores a 8 años de prisión.
“El Chapo”, capturado en 1993, purgaba una condena acumulada de 20 años 9 meses de prisión. Entre los cargos que enfrentó estaba su relación con la balacera ocurrida el 24 de mayo de 1993 en el Aeropuerto Internacional de Guadalajara, donde murió el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.
El atentado en la terminal área, según la versión oficial, tenía como objetivo asesinar a Guzmán Loera.
Con su escape, el capo imprimió una de las cicatrices más grandes en el Cefereso de Puente Grande, cuya vida útil estuvo marcada por señalamientos de corrupción y violaciones a los derechos humanos.
Gobierno Federal, bajo el argumento de que se tenían que llenar otros penales del país en los que había contratos con empresas privadas. Las instalaciones se convirtieron después en una base de la Guardia Nacional.
El 22 de febrero de 2014, “El Chapo” fue recapturado en Mazatlán, Sinaloa, al visitar a su esposa e hijas en un hotel de la zona turística. Escapó nuevamente el 11 de julio de 2015, esta vez del Cefereso del Altiplano, donde salió por un túnel de 1.5 kilómetros que llegaba directo a su celda. Por tercera vez fue detenido el 8 de enero de 2016 y extraditado un año después a Estados Unidos.
Hoy cumple cadena perpetua en el centro penitenciario ADX Supermax, ubicado Colorado, el cual es conocido como “el Alcatraz de las Rocallosas”. (AGENCIA REFORMA)




