Bernardo Amezcua señala que elegir qué comprar y a quién comprarle se ha convertido en una herramienta clave para enfrentar el cambio climático, la desigualdad social y el uso excesivo de recursos, coinciden especialistas
El consumo responsable se ha convertido en una de las principales herramientas para enfrentar problemas como el cambio climático, la desigualdad social y el agotamiento de los recursos naturales. Más que una tendencia, se trata de una forma de vida que invita a reflexionar antes de comprar y a considerar las consecuencias de nuestras decisiones como consumidores.
El consumo responsable implica elegir productos y servicios de manera consciente, teniendo en cuenta no solo el precio o la comodidad, sino también su impacto ambiental, social y económico., esto incluye apoyar a empresas que respetan los derechos laborales, reducir el desperdicio, reutilizar materiales y optar por productos locales o sostenibles.
Según organizaciones ambientales, si cada persona adoptara hábitos de consumo más responsables, se reduciría significativamente la contaminación, la generación de residuos y la explotación excesiva de los recursos naturales.
EL IMPACTO DEL CONSUMO DESMEDIDO
El modelo actual de consumo tiene consecuencias visibles puesto que cada año se producen millones de toneladas de plástico que terminan en océanos y vertederos, agregándole la industria de la moda rápida, que por ejemplo, es una de las más contaminantes del mundo, debido al uso intensivo de agua, químicos y mano de obra mal remunerada.
Además, el consumo excesivo fomenta una cultura de usar y tirar, donde los productos tienen una vida útil cada vez más corta, lo cual no solo afecta al medio ambiente, sino también a la economía familiar, al incentivar gastos innecesarios.
Es por eso que el consumo responsable se ha convertido en un instrumento clave para que los consumidores ejerzan poder frente a las empresas, así lo señala Bernardo Amezcua, doctor en Ciencias Administrativas con enfoque en Consumo Responsable, quien afirma que hoy más que nunca el consumidor tiene en sus manos la capacidad de influir en el mercado.
De acuerdo con el reporte anual de Euromonitor International a las tendencias actuales para este 2026, respaldan este cambio en el comportamiento del consumidor, las proyecciones indican que los consumidores buscan empresas honestas, con una comunicación clara y transparente. “Estamos frente a consumidores cada vez más exigentes y conscientes, que no solo evalúan el precio, sino también los valores y la responsabilidad social de las marcas”, explica el académico.
El mayor acceso a la información permite al consumidor tomar decisiones más racionales y evitar el consumo impulsivo, puesto cuando se basa únicamente en el impulso, se terminan comprando productos que en realidad no son necesarios, lo que genera los llamados “gastos hormiga”, los cuales, al acumularse, tienen un impacto significativo en el presupuesto personal.
“Implica informarse antes de comprar, puesto que actualmente existe una enorme cantidad de información disponible, que permite conocer el origen de los productos, las condiciones en las que se elaboran y su impacto ambiental y social”, explica Amezcua.
El consumo responsable invita a cuestionarse si realmente se necesita un producto, si este cumple con las normas actuales de cuidado del medio ambiente, si respeta a la comunidad y si los trabajadores involucrados en su producción reciben un trato justo. Asimismo, se promueve la preferencia por productos locales, ya que su consumo genera un impacto positivo en la comunidad: detrás de cada producto hay familias que dependen de esa actividad económica, y al elegirlos se fortalece la economía local.
UN COMPROMISO COLECTIVO
Aunque las decisiones individuales son fundamentales, el consumo responsable también requiere el compromiso de empresas y gobiernos, políticas públicas que fomenten el reciclaje, regulen la producción contaminante y promuevan la educación ambiental, puesto que son clave para avanzar hacia un modelo más sostenible. El consumo responsable es una invitación a pensar en el futuro.
Es ahí que gracias a las campañas realizadas por el gobierno año con año, si han logrado su objetivo, puesto que cada vez son más los consumidores que realizan responsablemente sus elecciones en lo que consumen, permitiendo ser generadores de cambio desde su trinchera.
Finalmente, se observa el auge de las marcas asiáticas, que ofrecen muchos productos que provienen del otro lado del mundo a precios bajos y una gran variedad, no obstante, estas marcas plantean importantes cuestionamientos en términos de sostenibilidad, condiciones laborales y responsabilidad social, aspectos que el consumidor responsable debe considerar cuidadosamente al momento de tomar decisiones de compra, por ejemplo, China no se adhiere a diversos acuerdos internacionales de protección ambiental, lo que permite que muchas empresas contaminen sin mayores restricciones.
“El consumo responsable no significa dejar de consumir, sino consumir de manera informada y consciente, debemos tener esa consciencia para que de alguna manera nuestro acto de compra tenga un valor para nosotros y para los demás”, concluye el especialista.







