Un nuevo estudio señala que el calentamiento global modifica la frecuencia e intensidad de las lluvias

 (Xinhua/Ajith Perera) (oa) (da)

 Utah, Estados Unidos.- Un nuevo estudio científico confirmó que el calentamiento global no solo modifica la cantidad de lluvias, sino también su distribución, frecuencia e intensidad, generando escenarios climáticos cada vez más irregulares e imprevisibles. La investigación se apoya en registros fósiles y geológicos del pasado profundo, que permiten comprender cómo respondió el sistema climático de la Tierra ante episodios de calor extremo.

Más allá de la cantidad total de agua que cae, la ciencia pone el foco en la variabilidad: nuevas evidencias del pasado geológico sugieren que el calor intenso no solo modifica los promedios de lluvia, sino que altera drásticamente su distribución, frecuencia e intensidad, lo que desafía las proyecciones tradicionales sobre el ciclo hidrológico. Esta línea de investigación se detalla en un reciente estudio publicado en ‘Nature Geoscience’.

El pasado nos da pistas sobre el futuro del clima 

El estudio analizó períodos de temperaturas extremadamente altas en la historia de la Tierra y nos alerta sobre los riesgos climáticos que podríamos enfrentar, especialmente en la agricultura y la estabilidad de los ecosistemas.

¿Qué pasó con las lluvias durante el calor extremo del pasado? 

Los investigadores estudiaron el comportamiento de las precipitaciones durante el Paleógeno temprano, un período que ocurrió entre 66 y 47,8 millones de años atrás. En ese entonces, el planeta experimentó uno de los momentos más cálidos de su historia: el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno (PETM), con temperaturas hasta 18 centígrados más altas que las preindustriales.

Un patrón inesperado 

Contrariamente a lo que se pensaba, las regiones polares se volvieron húmedas, mientras que los interiores continentales de latitudes medias y bajas sufrieron condiciones de aridez, interrumpidas por episodios de lluvias intensas y violentas. Esto sugiere que la aridez y la humedad no están ligadas a los promedios anuales de lluvia, sino a cambios en la distribución estacional e interanual.

Fósiles y sedimentos: ventanas al pasado 

Los científicos utilizaron indicadores climáticos indirectos, como fósiles de plantas, suelos antiguos y sedimentos fluviales, para estimar cómo llovía en el pasado. Las hojas fosilizadas y la estructura de antiguos cauces de ríos revelaron lluvias fuertes y concentradas, seguidas por largos períodos de sequía.

Un llamado de atención para el presente 

El estudio advierte que los modelos climáticos actuales podrían estar subestimando la irregularidad futura de las lluvias. Es crucial entender que el problema no será cuánto llueva en el año, sino cuándo y cómo lo hará. Las estrategias actuales para gestionar el agua, proteger la producción agrícola y planificar infraestructuras podrían fallar si no se contemplan escenarios con tormentas intensas y sequías prolongadas.

La clave para adaptarse al cambio climático 

En un planeta más cálido, la confiabilidad y la distribución temporal de las precipitaciones serán más determinantes que los promedios anuales. Entender esta dinámica será fundamental para reducir los impactos del cambio climático sobre los ecosistemas y las sociedades humanas. (El Heraldo de Saltillo)

 

https://www.nature.com/articles/s41561-025-01870-6