
Ciudad de México.- Durante décadas, la conversación sobre la primera infancia se centró casi exclusivamente en los niños: su nutrición, su salud, su desarrollo cognitivo.
Hoy, la evidencia científica y el trabajo en campo están poniendo el foco también hacia una figura clave y muchas veces invisibilizada: las personas cuidadoras.
Madres, padres, abuelas, abuelos, tías y hasta bisabuelos sostienen, muchas veces con recursos limitados y bajo presión constante, el desarrollo temprano de niñas y niños, advierten especialistas entrevistados.
“El bienestar de los niños está relacionado con el bienestar de los adultos”, señala en entrevista Philip Fisher, profesor e investigador de la Universidad de Stanford y creador de RAPID, uno de los instrumentos más robustos para conocer el bienestar de quienes cuidan a la primera infancia.
“Si los adultos están preocupados por el dinero, sobre lo que van a comer o sobre su casa, o si están estresados, todo eso impacta en el desarrollo de los niños”, explica.
“Cuando no pueden comprar comida se vuelve mucho más difícil dar ese cuidado cariñoso o esa nutrición afectiva que deben dar a sus hijos”.
En alianza con el Centro de Primera Infancia, del Tecnológico de Monterrey y Fundación FEMSA, y el proyecto comunitario Plan 2040, por primera vez se aplicará la metodología de RAPID fuera de Estados Unidos.
Con una encuesta en los primeros meses de 2026 en la Colonia Independencia, de Monterrey, se busca conocer la situación económica, emocional y de salud en la que viven los niños menores de 5 años para diseñar políticas y programas de apoyo.
En noviembre, EL NORTE publicó que la encuesta, desarrollada en la Universidad de Stanford, ha sido aplicada a miles de familias estadounidenses con niños pequeños.
El anuncio fue hecho en el Tercer Foro Internacional de Primera Infancia, en el Tec de Monterrey.
“Las investigaciones como RAPID nos dicen lo que los padres y los cuidadores necesitan y lo que es más importante para ellos y para cuidar a los niño”, explica Fisher, director del Centro Stanford para la Primera Infancia, quien ha enfocado sus trabajos en estudiar cómo el estrés, la pobreza y la adversidad impactan el desarrollo temprano del cerebro de los niños.
“Muchos de esos estudios se enfocan en investigar y preguntarle a las personas que están cerca de los niños: sus familias, los cuidadores, qué es lo que les puede ayudar a ellos y qué es lo que les preocupa, para poder apoyarlos en esta etapa de los niños”, agrega el investigador.
Detalla que durante los primeros años de vida es cuando se registra el mayor desarrollo del cerebro y también de la biología del cuerpo.
“Los estudios encontraron que puedes revertir la situación de los niños que han pasado por situaciones adversas, si se empieza temprano en la vida para contrarrestarlo”.
En ese periodo crítico, subraya, los niños dependen por completo de los adultos que los rodean.
“Ellos no se pueden cuidar y necesitan de estos cuidados cariñosos y de esta nutrición afectiva que les den los cuidadores”, resalta.
Fue en 2020 cuando el equipo de Fisher de la Universidad de Stanford lanzó en Estados Unidos RAPID. La encuesta fue aplicada mensualmente a familias con niños pequeños.
“Esto fue al principio de la pandemia, porque pensaron que necesitaban saber qué estaba pasando con los cuidadores”, relata. Desde entonces, han hablado con más de 60 mil familias en ese país.
No se trata de juzgar ni de imponer modelos externos, advierte.
“Creemos que los papás son los expertos de lo que sus hijos necesitan y por eso hay que escucharlos”, indica.
Antes de hablar de crianza, remarca, hay que garantizar lo básico.
“Esto ayuda a diseñar programas que den alimentación, salud y vivienda digna, para después enseñar a los papás cómo cuidar a los niños, pero lo primero es que ellos puedan tener lo básico”. (AGENCIA REFORMA)




