En el marco del 6 de enero, Día del Enfermero y la Enfermera en México, la historia de Petra Rodríguez Gámez emerge como un testimonio vivo de vocación, entrega y amor por su comunidad al haber sido la primera enfermera en laborar en el Hospital Ixtlero de Ramos Arizpe, y su trayectoria resume décadas de servicio que hoy siguen latiendo en la memoria colectiva del municipio.
Petra recuerda que su camino comenzó en los años sesenta, cuando trabajaba en el centro de salud de Ramos Arizpe, dedicada por completo a la vacunación, principalmente a menores que alguna vez le tuvieron miedo por la aguja, hoy son adultos que reconocen que, gracias a ese esfuerzo, crecieron con salud y prevención.
“Andábamos de casa en casa buscando a los niños para que no se nos escapara ninguno; había que cubrirlos a todos”, relata.
Aunque su sueño inicial era ser maestra, las circunstancias la llevaron por otro rumbo. Tras concluir la secundaria, fue enviada como interna a Arteaga, junto con jóvenes representantes de cada municipio. Ahí recibió formación básica para el trabajo en el medio rural, con especial énfasis en primeros auxilios y atención primaria, en una época en la que la enfermería era clave para llegar a donde no había médicos.
Sin seguimiento a ese programa, Petra decidió buscar nuevos horizontes y se trasladó a Monterrey, donde, con apenas 20 años, comenzó a trabajar en la Cruz Verde. Esa experiencia fortaleció sus conocimientos y reafirmó su vocación. Tiempo después regresó a Ramos Arizpe, llamada nuevamente para integrarse a los programas de la Secretaría de Salud, llevando vacunación y apoyos alimentarios a las comunidades rurales del municipio.
La apertura del Hospital Ixtlero en Ramos Arizpe marcó un antes y un después. Aunque en un inicio no pudo asistir a la capacitación en Monterrey por priorizar el cuidado de su hijo, en 1974 fue seleccionada como la primera enfermera del hospital, un orgullo que aún la conmueve. A partir del 20 de mayo de ese año, entregó 27 años de servicio ininterrumpido, hasta su retiro el 13 de septiembre de 2001.
“Quiero mucho a Ramos, aquí nací, es mi pueblo, y me gustaría que me sigan recordando como hasta ahora. La labor no se limitaba a las paredes del hospital. En tiempos en que muchas mujeres temían acudir a revisiones, nosotras las enfermeras acudíamos a los hogares para realizar detecciones oportunas de cáncer, incluso en la cama de las pacientes”, relató.
En este Día del Enfermero y la Enfermera, su historia honra a quienes, con uniforme blanco y corazón firme, hicieron de la enfermería una misión de vida al servicio de su gente. (EDUARDO SERNA).





