COMPETENCIA Y COOPERACIÓN

 Columna de El Colegio de Economistas de Coahuila, A.C.

¿Hablamos del SAT?

 

Por: Lic. Ana Isabel Gaytán García

Nadie nos enseña realmente sobre impuestos, y aun así todos estamos obligados a vivir en ese sistema. Por eso vale la pena detenernos un momento a entenderlo ¿Nos afecta? Claro que sí. Lo peor que podemos hacer es permanecer ignorantes y esperar que “no pase nada”. Así que prepárate un café y hablemos del SAT.

Muchos preferirían dejar los impuestos “para después”. Total, ¿quién se va a enterar? Bueno, basta recordar que a Al Capone, uno de los criminales más temidos en Estados Unidos, nunca lo pudieron condenar por homicidio ni por contrabando… pero sí por evasión de impuestos. Si no lograron librarlo a él, ¿qué nos hace pensar que a nosotros sí? Conocer el tema no solo evita problemas; también nos da herramientas para aprovechar lo que la ley permite.

Primero: ¿qué es el Servicio de Administración Tributaria (SAT)? Es un organismo de la Administración Pública Federal encargado de recaudar y vigilar el cumplimiento de los impuestos. Y no es una oficina más: tiene autoridad fiscal, lo que significa que puede determinar, liquidar, cobrar, y si es necesario, sancionar. Su alcance es tan amplio que dentro de su Catálogo de Actividades Económicas —más de dos mil opciones— conviven desde notarios públicos hasta hechiceros, lectores de energía y practicantes de vudú. El SAT no discrimina: si genera ingresos, lo registra.

Ahora bien, si ya trabajas, ¿debes pagar impuesto? Sí. Si ganas más del salario mínimo vigente $8,364 pesos mensuales (278.80 pesos diarios × 30 días), ya generas Impuesto Sobre la Renta (ISR). Y aunque puedas pensar que “tú no lo pagas”, tu patrón lo retiene cada quincena bajo el régimen de Sueldos, Salarios y Asimilados. Por eso lo verás reflejado en tu recibo de nómina.

¿Fuiste a la tienda? También pagaste impuestos. El IVA grava el consumo de bienes y servicios al 16%, salvo algunas excepciones establecidas en el artículo 2-A de la Ley del IVA.

¿Una amiga te prestó dinero? ¿Debes pagar impuestos? Sí. Para el SAT, un depósito es un ingreso a menos que tú pruebes lo contrario en tu declaración. ¿Y si tus papás te donan? Ahí no pagas ISR: las donaciones entre familiares directos están exentas. Pero, si no las declaras correctamente, el SAT puede considerarlas ingreso gravable.

Pausa importante: pagar impuestos y declarar impuestos no es lo mismo. Uno ocurre día a día; el otro es un acto formal para informar tus ingresos, deducciones y variaciones.

Y es aquí donde el SAT entra más activamente en nuestras vidas: mediante el RFC. El Registro Federal de Contribuyentes es la clave con la que la autoridad conoce tus ingresos, inversiones, cuentas bancarias, actividades económicas y, en general, tu vida fiscal.

Aquí es donde conviene hablar de regímenes fiscales y actividades económicas. Cada contribuyente debe estar inscrito en un régimen específico, y elegir el adecuado no es un simple trámite administrativo: determina cómo vas a pagar impuestos, qué obligaciones formales tendrás y qué beneficios puedes aprovechar.

Si trabajas para una empresa, tu régimen es Sueldos y Salarios. Si das servicios profesionales por tu cuenta o vendes productos, probablemente te corresponda el Régimen Simplificado de Confianza (RESICO) o Actividades Empresariales. Quienes rentan inmuebles también tienen un régimen propio. La diferencia entre uno y otro no es menor: cambia el tipo de contabilidad, la frecuencia de declaraciones, las tasas aplicables y hasta la posibilidad de obtener devoluciones.

Las actividades económicas funcionan como tu “etiqueta fiscal”. Ahí le dices al SAT qué haces exactamente: vender alimentos, ofrecer servicios de belleza, dar consultoría, producir contenido digital o incluso —créase o no— “servicios espirituales” como aparecen en el catálogo. Esta clasificación importa porque determina qué deducciones aplican, qué comprobantes puedes emitir y cómo se calcula tu impuesto.

Clasificarte correctamente desde el inicio evita problemas posteriores: multas, recálculo de impuestos o diferencias que el SAT puede exigir con retroactividad. Entender tu régimen y tu actividad económica no solo te pone en cumplimiento; también te ayuda a pagar lo justo y a aprovechar lo que la ley permite. En un sistema donde todos contribuimos, la información es la mejor herramienta para no pagar de más ni de menos, sino lo que corresponde.


  • La autora es Vicepresidenta Ejecutiva de Programas de Género de El Colegio de Economistas de Coahuila, A.C.