NAVAJA LIBRE

El tren se salió de la vía, con él, Morena se descarrila

En toda tragedia pública hay dos momentos clave: el de los hechos y el de la respuesta del poder. El descarrilamiento del Tren Interoceánico es doloroso por lo ocurrido, pero es aún más grave por lo que revela después. No sólo falló la infraestructura; falló -y continúa fallando- la ética pública.

Las advertencias estaban ahí. La Auditoría Superior de la Federación documentó desde hace años una planeación deficiente, omisiones técnicas y decisiones apresuradas. Aun así, la obra siguió adelante, protegida por el manto político de ser “prioritaria”. En ese contexto, resulta imposible separar el accidente -éste y los otros cinco percances que lleva- de la cadena de decisiones que lo precedieron.

Lo preocupante no es únicamente que el hijo del expresidente haya tenido un papel en la supervisión del proyecto bajo una figura “honorífica”, sino que hoy, frente a evidencias periodísticas y audios divulgados, el gobierno cierre filas para impedir cualquier investigación que toque a la familia presidencial. La presidenta Claudia Sheinbaum no esperó los resultados de la Fiscalía: decidió antes que no había nada que investigar. Y claro, aprovechó la ocasión para hacer lo que hacen los ineptos e irresponsables: victimizarse.

Ese gesto envía un mensaje devastador. No a la oposición, sino a la ciudadanía: hay mexicanos que sí deben rendir cuentas y otros que no. Hay errores que se castigan y errores que se protegen. Hay muertos que exigen justicia y otros que sólo ameritan silencio administrativo.

El Estado mexicano tiene capacidad técnica, jurídica e institucional para esclarecer lo ocurrido. Lo que no parece tener es voluntad política para hacerlo cuando los involucrados pertenecen al círculo del poder. Esa selectividad erosiona la confianza pública y alimenta una percepción cada vez más extendida: la ley no es pareja. Y sí, seguramente ya decidieron quiénes pasarán por chivos expiatorios. Pero, de algo podemos estar plenamente seguros: los apellidos López Beltrán no figurarán en la lista.

Los proyectos políticos no se derrumban por un accidente, sino por la acumulación de abusos negados. Morena no está en riesgo por las críticas, sino por su incapacidad para entender que gobernar implica someterse al escrutinio, no escapar de él.

Un tren puede volver a ponerse sobre las vías. La confianza ciudadana, cuando se pierde, no siempre. Y ningún movimiento político debería olvidar que la impunidad también descarrila, sólo que lo hace más lento… y mucho más caro. Morena se descarrillará a punta de corrupción e impunidad… al tiempo.