El título del presente artículo nos da a conocer la trascendencia o magnitud que tuvieron en nuestra gran ciudad de Torreón los dos eventos a que nos referiremos en el presente trabajo, debido esto a que cada uno de ellos tuvo una gran trascendencia por su contenido, el que resultó ser de suma importancia, no solo en la región lagunera, sino también en toda la república mexicana, eventos de los que ya tuvimos ocasión de tratar, sin embargo, a petición de algunos lectores vamos a resumir tan importantes eventos.
En el año de 1916 nuestra gran ciudad de Torreón, fue escenario de una batalla de la Revolución, al entrar a la misma las fuerzas revolucionarias que iban a atacar a los soldados federales que se encontraban dentro de la misma, los combates que tuvieron lugar en el mes de diciembre del año mencionado fueron trágicos y dramáticos para los pobladores de nuestra gran ciudad, ya que excedieron de cien torreonenses victimados, aparte de las destrucciones de comercios y fincas, además de las imprentas y periódicos locales, los cuales fueron incendiados y destruidos completamente por las tropas que invadieron Torreón.
Los extranjeros fueron el mayor número de víctimas, ya que entre los cadáveres se encontraron treinta, que correspondían a hombres de nacionalidad china, y algunos de nacionalidad árabe y desde luego mexicanos, por lo que también en consideración, la pérdida de vidas y la destrucción y saqueo en los comercios de la ciudad, se puede afirmar que esta acción revolucionaria fue un evento trágico para la ciudad y sus habitantes.
El otro evento navideño fue dado a conocer en el mes de diciembre de 1930, cuando el presidente de la República, don Pascual Ortiz Rubio, dio a conocer mediante un decreto que en la navidad sería el dios Quetzalcóatl el personaje que debería de entregar regalos a todos los mexicanos; para tal efecto en el estadio nacional, ordenó se construyera una pirámide en honor del dios Quetzalcóatl, y el 23 de diciembre en tal lugar hubo un gran evento, el cual tuvo escasa asistencia, sobre todo de niños, y en el mismo se repartieron obsequios y aguinaldos.
Es pertinente dar a conocer que un gran número de mexicanos se sintieron ofendidos por negar sus creencias religiosas, por lo que no aceptaron el decreto presidencial, porque se pretendía sustituir la celebración del nacimiento de Jesús de Nazaret. Al paso de los años los mexicanos continuaron con la aceptación de Santa Claus y en consecuencia la creencia del niño Dios, por lo que tal decreto no tuvo aceptación ni aplicación en nuestro país.





