‘Viene a todo lo que da’, relata pasajera del Interoceánico

Foto: Agencia Reforma

Ciudad de México.- La señora Judith Guadalupe López Calvo ahorró con su familia casi un año para disfrutar de apenas cuatro estaciones del Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec (FIT), de la línea Z del Tren Interoceánico, recorrido que acabó en una tragedia.

El 28 de diciembre abordó el tren en Salina Cruz, Oaxaca, hizo escala en Ixtepec, y planeaban descender en Matías Romero. El viaje fue parte de un plan vacacional.

Antes de llegar a Matías Romero, luego de pasar la estación de Chivela, la señora fue alertada por su primo.

“Todo iba normal y nada más de repente uno de mis primos me dice: ‘oye, este canijo viene todo lo que da’”. Esa frase le quedó grabada como el último aviso antes del impacto.

“Alcanzó a decírmelo cuando escuchamos el sonido que hizo. Yo escuché ese sonido (estruendo) e inmediatamente fui una de las que quedé prensada hacia abajo”, narró a REFORMA.

A partir de ahí, el caos se apoderó del vagón.

“Los gritos de mis hijas, mi mamá que la veo ensangrentada. Bueno, en fin, un episodio fatal para mí”, dijo con voz entrecortada.

La familia viajaba en el tercer vagón, el que quedó inclinado, a punto de caer en la barranca.

“Nosotros estuvimos en el tercer vagón, en el que se visualizan las fotos, que está en declive, que está a punto de caer”, precisó.

“Fue un viaje, ahora sí que familiar, nos disponíamos desde la situación de poder disfrutar este momento. Mis hijas no tenían esta experiencia; yo de niña sí contaba con ella, y pues ahorita era un viaje familiar”, relató.

El grupo estaba integrado por 10 personas, entre ellas niños, sobrinos y adultos mayores.

“Nosotros nos trasladamos a Matías Romero. Éramos 10 personas, dentro de ellos niños, mis sobrinos, mis hijas”, explicó.

El tren se dirigía a su destino final cuando ocurrió el accidente.

El descarrilamiento dejó lesiones físicas en varios integrantes del grupo, junto con una sensación de vulnerabilidad que aún no se disipa. Anticipó que ella y su madre van a necesitar ayuda psicológica.

“Mi mamá sufrió una lesión, tiene suturación. Le brindaron la atención en Chivela, donde ya estaban las ambulancias, y después la trasladaron a Juchitán, donde le hicieron la suturación”, explicó.

“El día de ayer (martes) nos sorprendió un hematoma que se le hace en todo el ojo. Afortunadamente hemos buscado los medios de hacerlo de manera particular”, añadió.

Judith también resultó lesionada.

“Yo tuve una lesión en la espalda, me duele la espalda, pero ahí estamos, de pie, tratando de hacer nuestra vida normal dentro de lo que cabe”, señaló. Además, una tía permanece hospitalizada tras el accidente.

Refirió, además, que varias pertenencias que quedaron dentro del tren.

Indicó que cuando intentaron buscar apoyo institucional, la respuesta fue limitada.

“Yo voy a donde tomé el tren ese día y lo único que está ahí es un militar que me dice: ‘le voy a dar unos números, usted se comunique y pues eso sería todo’”, lamentó.

Al comunicarse por teléfono, la experiencia no mejoró.

“Le piden datos que, decimos, son innecesarios: qué color de cabello tiene mi tía, cómo es mi tía, cuánto pesa situaciones que ni alcanzo a comprender”, expresó.

El viaje había sido planeado con tiempo y para disfrutar una experiencia en el riel.

“Este viaje lo teníamos pensado desde el año pasado, pero se agotaron los boletos. Si acaso tendrá un mes que los compró mi tío, porque precisamente estamos de vacaciones con mis hijas y dijimos que iba a ser un viaje de familia”, explicó.

“Ahora yo estoy garantizada que voy a necesitar ayuda psicológica para poder borrar de mi mente lo sucedido. En la noche trato de dormir y siento en mi consciente el suceso y me levanto”, reprochó.

Judith insistió en que su familia no busca privilegios, pero sí respuestas.

“Nosotros estamos vivos, creo que eso es lo que importa, pero ¿quién les quita a los niños eso de la mente?”, cuestionó. (AGENCIA REFORMA)