PUNTO DE CIENCIA

 

GLP-1 La hormona que reprograma el apetito

Dra. Sandra Teniente

Si últimamente has estado pendiente de las noticias de salud o del mundo del espectáculo, es probable que hayas oído hablar de Ozempic® o Wegovy®. Estos medicamentes son la nueva “solución milagrosa” para perder peso. ¿Qué hay detrás de este revuelo? ¿Son una varita mágica o un avance científico profundo? La respuesta, como suele suceder en medicina, es fascinante y matizada. Estos fármacos no son un invento de laboratorio sacado de la nada; son el fruto de entender y replicar con maestría una hormona natural de nuestro cuerpo: GLP-1.

Imagina que tu intestino, tras una comida, envía un correo electrónico. El remitente es el GLP-1 (Péptido Similar al Glucagón-1), una hormona incretina producida por células especializadas en el intestino delgado, su mensaje es claro y tiene tres destinatarios:

Páncreas: «¡Ha llegado azúcar (glucosa)! Libera insulina para procesarla y frena la producción de glucagón (regulador de la glucosa)”.

Cerebro: «Alerta a los centros de saciedad en el hipotálamo. Disminuye apetito y antojos intensos».

Estómago: «Tómate tu tiempo. Retrasa el vaciado gástrico».

El problema es que nuestro GLP-1 natural es un mensajero efímero, se degrada en cuestión de minutos. Aquí entra la ciencia farmacológica. Los análogos de GLP-1 (como la liraglutida y el semaglutida) son versiones modificadas de esta hormona, diseñados para resistir la degradación. Son ese mismo correo electrónico, pero convertido en un mensaje fijo y persistente en el tablón de anuncios, con efectos que duran horas o incluso días.

Estos análogos de GLP-1 inicialmente se desarrollaron para la diabetes tipo 2 por su excelente control glucémico, pero pronto presentaron un efecto colateral llamativo: pérdida de peso significativa y sostenida. La razón: emprenden un ataque coordinado desde varios frentes.

Primero, control cerebral del apetito. No solo eliminan el hambre fisiológica, sino que amortiguan el «ruido mental» constante alrededor de la comida. Segundo, retrasan el vaciado gástrico, así, las señales de saciedad llegan al cerebro por más tiempo. El resultado es un círculo virtuoso: comes menos porque te sientes lleno antes y porque tu cerebro está menos interesado en buscar comida. Los estudios confirman una pérdida de peso promedio que puede superar el 15% del peso corporal, algo sin precedentes para un tratamiento farmacológico.

 

El lado B

Los análogos de GLP-1 presentan efectos secundarios. Los más comunes son gastrointestinales: náuseas, vómitos, diarrea o estreñimiento. Suelen ser manejables, transitorios y se mitigan con estrategias simples. Pero existen también contraindicaciones serias, como antecedentes de pancreatitis o un tipo raro de cáncer de tiroides medular, lo que subraya que son y deben ser siempre medicamentos de prescripción y supervisión médica.

Por tanto, todo nutricionista y médico serio enfatiza: estos fármacos no sustituyen un estilo de vida saludable, sino que son facilitadores poderosos. Así, si se usan de forma aislada, la pérdida de peso no es saludable. Sin plan nutricional y actividad física adecuados, se puede perder masa muscular y grasa, lo que es perjudicial para la salud a largo plazo. La educación alimentaria y el apoyo conductual son los cimientos que aseguran que, si se suspende el tratamiento, el peso no se recupere por completo.

La llegada de los análogos de GLP-1 marca un antes y un después en medicina. Representa un cambio de paradigma: dejar de ver la obesidad como un simple fracaso de la fuerza de voluntad para reconocerla como lo que es: una enfermedad crónica compleja con bases hormonales, metabólicas y cerebrales profundas.

Estos fármacos son una prueba de cómo la ciencia básica, al descifrar nuestros propios mecanismos biológicos, puede ofrecer soluciones transformadoras. El futuro del manejo de la obesidad no está en una pastilla milagrosa, sino en la combinación inteligente y personalizada de avances farmacológicos con lo que siempre ha sido y será la piedra angular: nutrición equilibrada, ejercicio regular y apoyo conductual sostenido. La revolución no es solo hormonal; es sobre una visión más compasiva, efectiva y científica de la salud.

 

Departamento de Nutrición, Hospital Universitario de Saltillo

 

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