Massachusetts, Estados Unidos.- El sistema inmunitario envejece en silencio. No avisa con un síntoma concreto, pero su desgaste se hace evidente cuando una infección tarda más en curarse, cuando una vacuna protege menos o el cáncer encuentra menos obstáculos. Durante años, el gran anhelo de la ciencia de la longevidad ha sido frenar ese deterioro y devolverle a las defensas la agilidad de la juventud. Ahora, un equipo del MIT y del Broad Institute propone una idea de no rejuvenecer directamente el sistema inmune, sino enseñar al cuerpo a fabricarse, de forma temporal, una versión más joven de sí mismo.
Con esa meta en común, el grupo de científicos logró regenerar el sistema inmune en animales de laboratorio, trabajo que fue publicado recientemente en la revista ‘Nature’, y el cual abre posibilidades para nuevas terapias que refuercen las defensas en la vejez.
En concreto, el estudio hecho en ratones revela que la tecnología ARN mensajero (tecnología utilizada para las vacunas del Covid-19) puede utilizarse para transformar el hígado en una fuente temporal de importantes factores reguladores del sistema inmunitario que se pierden de forma natural durante el envejecimiento.
Esto restaura la formación de nuevas células inmunitarias (células T), lo que permite a los animales de edad avanzada desarrollar de nuevo respuestas inmunitarias robustas y combatir los tumores de forma eficaz.
“Si podemos restaurar algo tan esencial como el sistema inmunitario, es de esperar que podamos ayudar a las personas a mantenerse libres de enfermedades durante más tiempo”, señala Feng Zhang, del MIT, en Estados Unidos.
Los resultados en ratones envejecidos, equivalentes a humanos de unos cincuenta años, fueron llamativos. Después de varias semanas de tratamiento, las poblaciones de células T aumentaron tanto en número como en diversidad. El sistema inmunitario no solo parecía más joven, sino también más flexible y capaz de responder a una mayor variedad de amenazas. Esa mejora se reflejó en la respuesta a las vacunas: los ratones tratados duplicaron la cantidad de células T citotóxicos específicos tras recibir una vacuna experimental, en comparación con animales de la misma edad que no habían sido tratados.
El efecto fue aún más evidente en la lucha contra el cáncer. Combinada con una inmunoterapia que libera los frenos del sistema inmune, la estrategia permitió que los ratones tratados vivieran más y mostraran mayores tasas de supervivencia que aquellos que solo recibieron el fármaco antitumoral. Ninguno de los tres factores funcionó por sí solo; únicamente actuando en conjunto lograron recrear, de forma transitoria, un entorno funcionalmente parecido al de un timo joven.
El estudio no promete juventud eterna ni inmunidad absoluta, pero sí da a entender que parte del declive del sistema inmunitario podría no ser irreversible. “Si podemos restaurar algo tan esencial como el sistema inmunitario, concluye Zhang, quizá podamos ayudar a las personas a mantenerse libres de enfermedad durante una mayor parte de su vida”. La clave está en que el efecto es temporal y controlable: el ARN mensajero se degrada rápidamente, lo que permite ajustar la duración del tratamiento y minimizar riesgos a largo plazo.
El equipo tiene ahora previsto estudiar esta tecnología en otros modelos animales e identificar factores de señalización adicionales que puedan mejorar la función del sistema inmunológico. También esperan analizar cómo afecta el tratamiento a otras células inmunitarias, incluidas las células B. (El Heraldo de Saltillo)
https://www.nature.com/articles/s41586-025-09873-4





