COMPETENCIA Y COOPERACIÓN

Aranceles, geopolítica y presión externa 

Por: M.C. Eduardo Gamaliel García Terán

En un contexto internacional marcado por la reconfiguración del orden económico global y el avance hacia un mundo cada vez más multipolar, el gobierno de México anunció un nuevo paquete arancelario que entraría en vigor en 2026. La medida forma parte del denominado Plan México y, de acuerdo con el discurso oficial, busca fortalecer el mercado interno, proteger el empleo y reducir la dependencia de las importaciones.

Según el gobierno mexicano, sin esta medida, el país habría enfrentado una pérdida estimada de hasta 350 mil empleos, particularmente en entidades con alta concentración industrial como Coahuila, donde operan complejas cadenas productivas vinculadas a la industria automotriz y empresas emblemáticas como General Motors. Bajo este argumento, el nuevo esquema arancelario pretende frenar las importaciones consideradas desleales que han afectado sectores como el textil, el calzado, el acero y el automotriz, no por falta de competitividad nacional, sino por la distorsión de precios provocada por productos subvaluados en el mercado internacional.

El paquete contempla 1,466 fracciones arancelarias distribuidas en 19 sectores estratégicos, entre ellos autopartes, electrodomésticos, juguetes, textiles, muebles, calzado, aluminio, acero, vidrio y cosméticos. Su alcance económico es considerable: la medida afectará importaciones por un valor aproximado de 52 mil millones de dólares, lo que tendrá impactos directos en precios, cadenas de suministro y flujos comerciales.

No obstante, más allá de su dimensión económica, la política arancelaria revela un componente geopolítico relevante. México se alinea con las estrategias proteccionistas de Estados Unidos, su principal socio comercial, al tiempo que redefine su relación con China, su segundo socio más importante. Este giro ocurre en un contexto de crecientes tensiones comerciales y de redefinición de alianzas a nivel global.

La pregunta central es: ¿por qué adoptar estas medidas en este momento? El anuncio no puede analizarse de forma aislada. Desde Washington, Estados Unidos ha endurecido su postura hacia América Latina y ha incrementado la presión sobre México para que alinee su política comercial con los intereses estratégicos estadounidenses. En este escenario, México parece optar por ceder a dichas presiones, aun cuando ello implique tensar su relación con China y otros actores relevantes del comercio internacional.

El plan prevé un incremento arancelario que impactará al 8.6% del total de las importaciones mexicanas; sin embargo, el punto más sensible se encuentra en la industria automotriz, donde los aranceles alcanzarán hasta el 50%. Esta cifra no es menor ni casual. México fue el mayor importador de automóviles chinos durante el último año, lo que convierte a esta medida en un golpe directo a Pekín. A ello se suman aranceles de hasta 35% en sectores como plásticos y electrodomésticos, confirmando que no se trata de un ajuste simbólico, sino de una acción con consecuencias económicas concretas.

Además de China, otros países potencialmente afectados son Corea del Sur, India, Tailandia, Indonesia, Rusia y Turquía. En general, el paquete grava importaciones de países con los que México no mantiene tratados de libre comercio, muchos de los cuales forman parte del bloque geopolítico que hoy se presenta como contrapeso a la influencia de Estados Unidos.

Durante los últimos años, China ha utilizado a México como una vía alternativa para sortear las restricciones comerciales estadounidenses, ya sea mediante el ensamblaje de productos en territorio mexicano o a través de inversión directa en parques industriales. Ante la evidencia de que productos chinos estaban llegando a Estados Unidos a través de México, ambos gobiernos comenzaron a coordinar medidas para frenar estas prácticas.

Así, el aumento de aranceles no solo apunta al fortalecimiento del mercado interno, sino también a cerrar la puerta comercial de China hacia Estados Unidos. Más que la protección de sectores específicos, la decisión expone una alineación comercial y política de México con Washington. Si bien aún es temprano para dimensionar todas sus implicaciones, el nuevo paquete arancelario marca un punto de inflexión en la política comercial mexicana y en su relación con las principales potencias del escenario global.

 

  • El autor es vicepresidente Región Sureste Colegio de Economistas de Coahuila