VIVIR ES AHORA

Escúchate…

¿Te ha sucedido que, en alguna ocasión, te sientes profundamente herido por los comentarios de alguien cercano? Y en lugar de expresar esa herida, reaccionas a la defensiva o te alejas sin entender la verdadera razón detrás de tu reacción.

En ocasiones, la historia que nos contamos a través de los acontecimientos nos hace alejarnos de las personas que generan contribución a nuestras vidas; en otras, nos llevan a justificar comportamientos que, en realidad, son una forma de proteger heridas que ellos mismos no han sanado, o de llenar vacíos que no han podido resolver.

Me viene a la mente a una persona muy cercana, muy amable y cariñosa, que en su relación con uno de sus hijos, comenzó a actuar distante y reactivo. Cada vez que surgía un conflicto se cerraba, se ponía a la defensiva o incluso se alejaba sin razón aparente. Esto generaba grandes malentendidos y una tensión que iba cada día en aumento.

Sus reacciones estaban profundamente vinculadas a heridas no sanadas de su infancia, relacionadas con la falta de reconocimiento y aceptación. Creencias como: «No soy suficiente» o «No merezco amor», se habían convertido en hilos conductores en su vida adulta. Hasta que un día el conflicto era tan grande que, durante una sesión de coaching, decidió verlas cara a cara, aceptarlas y a escucharse para sanar. Y se preguntó:

 

¿Qué me provoca que quiera controlar la situación?

¿Qué significado le estoy dando a su comportamiento?

¿Qué necesito en realidad cuando me siento herido o rechazado?

¿Cómo, esa historia, está afectando nuestra relación?

 

Y tomó un rumbo diferente a los acontecimientos: comprendió que era inútil pretender cambiar las acciones de los demás sin antes transformar su propia perspectiva. Y comenzó a sanar desde adentro, a trabajar en su autoestima y a aceptar su vulnerabilidad con amor.

Cuando tenemos la valentía de sentir nuestras emociones y compartirlas, y de expresar nuestras necesidades asertivamente y sin miedo, nuestras relaciones mejoran notablemente, porque ya no decidimos reaccionando desde el pasado, sino que respondemos desde un nuevo estado de conciencia.

En un mundo dinámico y lleno de desafíos, a menudo olvidamos que nuestra verdadera fortaleza reside en la capacidad de sentir y de escucharnos, de darnos un tiempo para conectar con nosotros mismos. Entonces, nuestras relaciones se transforman en vínculos auténticos, sanos y llenos de amor.

 

¿Alguna vez te has preguntado qué necesitas realmente para sentirte pleno?

¿Has sabido escuchar esa voz interior que te susurra lo que tu alma requiere para estar en paz?

 

Muchas veces, evitamos escuchar nuestro dolor creyendo que el tiempo sanará todo, o simplemente tratamos de “sacar” o “olvidar” el dolor evadiéndolo con nuevas experiencias o emociones. Sin embargo, el dolor reprimido se convierte en el hilo conductor que dicta nuestra actitud ante la vida, e infunde un dolor en quienes más apreciamos: influencian nuestra conducta, nuestras decisiones y, finalmente, los resultados que obtenemos.

Generamos comportamientos a la defensiva o a la ofensiva, intentando controlar o protegernos de futuras heridas. Y nos creemos la historia de que ahora nos convertimos en aquello que sentimos. Esto, en muchas ocasiones, nos lleva a sangrar sobre quienes están allí para apoyarnos, sin merecer ese sufrimiento.

Despierta… No podemos controlar la emoción que sentimos en un momento dado, pero sí la podemos sanar, y cuestionar el significado que le damos a esas emociones para transformarlas en fuerzas que nos permitan generar valor en nuestra vida.

La clave está en vivir con consciencia: aprender a escucharnos, a identificar qué necesidad se oculta detrás de cada emoción, y reconocer que no le corresponde al otro sanar nuestras heridas. Es un trabajo interno, personal y profundo que requerirá hacernos cargo de nosotros mismos y tomar responsabilidad.

¿Cuáles heridas no has querido mirar por miedo o por creer que el tiempo las sanará solo?

¿Cuál es el significado que les das a esas heridas y cómo afectan tus decisiones?

El camino hacia relaciones sanas comienza cuando atendemos esas heridas, cuando aprendemos a sentir sin perder el control y con la conciencia necesaria para decidir en lugar de reaccionar.

Entonces, no esperes a que el dolor te haga pagar un precio más alto. Tómate un momento para conectarte contigo mismo y pregúntate:

¿Qué necesito realmente en este momento para sentirme en paz?

¿Qué acciones puedes tomar hoy para cuidar tus heridas y transformar tu dolor en una fuerza de crecimiento?

Recuerda: La calidad de tus relaciones y los resultados que obtienes en tu vida dependen directamente de la calidad de las emociones que eliges sentir y las creencias que decides mantener.  El cambio empieza en ti, en tu capacidad de escucharte, sentirte y decidir con conciencia. Y si deseas yo te puedo acompañar en este camino a sanar y reconstruir la parte más luminosa de tu ser. ¿Estás listo?

 

coachteylealg@gmail.com