¿EL CRITERIO HA MUERTO?

 

Ante la avalancha de noticias, de información, algunas contradictorias e incompletas, es imposible leerla toda, y desafortunadamente en muchos casos se comparte esta información a la ligera. Está bien difundir noticias, pero antes de hacerlo, es crucial verificar la veracidad de la fuente y, algo muy importante, estar dispuesto al diálogo y a la retroalimentación cuando no todos están de acuerdo con lo que se comparte.

Hoy en día, cada quien tiene “otros datos”, por lo tanto, ante cualquier noticia que surja, antes de compartirla u opinar al respecto, es importante analizarla. El medio para hacerlo es a través de lo que se conoce como criterio. El diccionario de la Real Academia Española (RAE) define criterio como “la norma para conocer la verdad”, lo que requiere de un discernimiento. Por lo general, cuando se habla de criterio, se alude a un malentendido “amplio criterio”, que se usa como pretexto para aceptar y justificar cualquier comportamiento licencioso. Desafortunadamente, el relativismo imperante ha provocado que se dude de la existencia de la verdad.

No buscar la verdad provoca, de manera irremediable, que no se piense bien. Se ignora que pensar bien consiste en el esfuerzo mental por conocer la verdad y dirigir el pensamiento por el camino que conduce a ella. Para la filosofía aristotélico-tomista, la verdad es la realidad de las cosas. Si no conocemos las cosas como son en realidad, caemos en el error. Veamos un ejemplo práctico: respetar a los padres, obedecer leyes justas y honestas, cumplir los contratos y ser fiel a los amigos son virtudes. Estas son cosas buenas en sí mismas, y cualquier persona con sano juicio sabe claramente que la perfidia, la ingratitud, la injusticia y la corrupción no son virtudes. Si alguien las considerara así, caería en un error.

Aquí surge el dilema: si alguien desea pensar bien, debe procurar conocer la verdad, es decir, la realidad de las cosas. Si no se considera importante conocer esta realidad, bajo la creencia de que “cada quien tiene su verdad”, lamentablemente no se pensará bien. Pensar bien es directamente proporcional a la salud mental, así de sencillo.

Cuando alguien, con sutileza o aparente profundidad, presenta a otras cosas que no son conformes a la realidad y les da la apariencia de verdad, estamos frente a mentes deshonestas. Hegel los llamaría “sicarios de la verdad”. El criterio, es precisamente el camino que permite  realizar un sano discernimiento. Alguien que no piensa bien tendrá más dificultades para razonar correctamente. Sin un razonamiento correcto y verdadero, ¿qué tipo de discernimiento podrá realizar?

Cada persona construye su vida con las decisiones que toma. Todo el proceso mental para discernir qué hacer, qué no hacer, cómo y de qué manera, implica criterio. Por las repercusiones que tiene para el individuo y la sociedad, si el criterio está en peligro, hay que defenderlo y cuidarlo; si está enfermo, hay que sanarlo. Pero si está muerto, ¡hay que resucitarlo!