¿Te quedaste en la “víctima”?
Existe una diferencia muy grande entre haber sido víctima y quedarse en el estado de víctima. Y sí, muchas veces podemos haber sido víctimas de un abuso, de un malentendido, de una conducta o acción consciente o inconsciente, pero de cada uno de nosotros depende si nos quedamos ahí o lo trascendemos, generando la mejor versión de nosotros mismos.
Quedarse en el rol de víctima implica estacionarse en el estado de queja, de desaliento, en una falsa zona de confort por no querer visualizar un futuro mejor, esperando a que los otros pretendan entender por qué “necesitas” estar ahí.
Implica también delegar nuestra propia responsabilidad de reconstruirnos y de volver a brillar a los demás. Nos roba la llave para poder tener una vida maravillosa: la de tomar acción para generar los resultados que siempre hemos deseado en nuestra vida, esperando que otros lo hagan por nosotros.
Ser la “víctima” nos puede generar muchos beneficios, los cuales nos pudieran generar la percepción errónea de que nos conviene estacionarnos en ese estado de queja, depresión y desaliento, entre los cuales algunos son:
- Quedarnos en nuestra falsa zona de confort.
- Esperar a que los otros “cambien” o “resuelvan” para que estemos más cómodos.
- Generar lástima para encontrar atención inmediata y que los demás nos solucionen nuestros asuntos.
- Que no nos pidan que generemos un cambio, o que tomemos nuestras responsabilidades porque estamos “hundidos” en nuestros pesares.
- Que los demás se hagan cargo de nuestra felicidad y nuestro bienestar, y que tengan la “culpa” si no lo somos.
Cuando permanecemos en el rol de víctimas, nos quedamos en la etapa de niños emocionales, estableciendo comportamientos narcisistas, pretendiendo que todos giren alrededor de nuestras necesidades, porque los demás “supuestamente” tienen la responsabilidad de entendernos y de resolvernos todo.
Y, tal vez, pueda ser cómodo durante un tiempo, pero si te instalas ahí, bajo la premisa real de que para obtener un beneficio requerimos pagar un costo o inversión, comenzarás a pagarlo también.
- El costo de depender de los otros y de su aprobación para vivir felices y plenos.
- El costo de estancarse en los tiempos de los demás, de que ellos decidan cuándo te van a dar lo que deseas y la forma en que te lo darán, que por lo general no es ni cuando lo quieres ni como lo quieres.
- El costo de alejar a las personas que pudieron haber sido contributivas en tu vida, porque las personas se cansan de cargar con responsabilidades que no son suyas.
- El costo de permanecer en relaciones tóxicas y codependientes.
- El costo de renunciar a tus sueños y ambiciones por estar muy pendiente de controlar a los otros para que resuelvan tu vida y tus temas.
Cuando decides ser la víctima, estás provocando que cualquier persona que entre en tu vida se convierta en el verdugo de tu vida.
¿Por qué te lo digo? Porque vuelcas todas tus expectativas en ellos, y los demás no están para resolver tu vida, sino para compartir la suya contigo. Entonces, vuelcas el dolor de tus heridas y temas no resueltos en personas que nada tuvieron que ver en lo que te pasó, sangrando sobre ellas y pasándoles facturas que no le corresponden.
Comienzas a proyectar tus dudas, tus miedos e inseguridades en el otro, convirtiéndote en una persona que no busca responsabilidad emocional, sino que comienza a utilizar a los otros para apagar tus fuegos internos.
Recuerda que la única libertad que existe es la de tomar el camino de la responsabilidad. Es decir, de ser quienes, con nuestras conductas y actitudes benéficas y positivas hacia los demás, podamos generar la respuesta que esperamos de ellos.
Si quieres respeto, comienza a respetar. Si quieres confianza, comienza a ser una persona confiable. Si quieres amor, comienza a construirlo. Si quieres éxito profesional o económico, comienza a transformarte en la persona que está a la altura de no sólo conseguirlo, sino de poderlo sostener.
La vida es tan sabia, que siempre te regresa lo que cosechas. Así que, si no te gusta lo que estás cosechando, pon atención en lo que estás sembrando.
Así que, transfórmate en el cambio que esperas de los demás. Y si te decides a ser victorioso en tu vida y tomar las riendas de tu destino, quiero decirte que el paso más difícil ya lo has dado, y que con una estrategia adecuada puedes lograrlo muy rápidamente.
Puedo ayudarte a generarla, pero se necesita la valentía y el coraje de hacerte cargo de tu vida y tomar la responsabilidad de tus acciones. ¿Te animas a tener la vida más maravillosa que jamás pudieras haber soñado?





